Buscamos respuestas y vivimos en la confusión. Siempre acudimos a las mismas preguntas, que son muy pocas y siempre nos lanzan a lo mismo. Es un círculo, y ante la ausencia de salidas hay que romperlo y cambiar esas preguntas, refomular la óptica. Las reflexiones tienen poca retroalimentación en estos tiempos de confusión. Estamos ante el grito de la reacción. Todo lo distinto es rechazado, todo lo alternativo es incomprendido, todo lo que requiera cambio da miedo, rabia o risa. El hombre común vive como puede. Un hombre común la mayor parte de su vida está resolviendo contingencias. Poco tiempo se encuentra para el cultivo del espíritu, sin embargo a duras penas siente la necesidad de proponérselo. A veces uno envida a los eruditos. Pero así sea con pocos recursos es necesario lanzarse a la aventura del pensamiento. Y hoy, por un lado abatido y por otro estimulado ante las circunstancias, el medio donde hago vida, quiero hacerme preguntas no frecuentes (para no decir nuevas). Un amigo por ahí sostiene que hemos llegado al día de los ignorares porque lo que sabemos no conduce a nada. En parte no estoy de acuerdo, pero la esencia de esa reflexión es digna de abrazar. No sólo en nuestro país, en el mundo se vive un conflicto espiritual, cuyos síntomas se evidencian en lo ético, lo político y lo económico. Hablo de lo espiritual, no estrictamente visto como lo esotérico o religioso. Me refiero a lo que definiría el psiquiatra Víktor Frankl como la dimensión donde el ser humano trasciende y es libre de darle sentido a la vida. Y ahora, atrapados entre dos frentes, pareciera que la solución es elegir incondicionalmente uno de ellos y olvidarse de esta libertad. Me niego, ya que en en este choque monumental hay dos totalidades que quieren imponerse.
La hegemonía es ese estado donde existe un estílo único de vida, un sólo pensamiento. No hay ensayo hegemónico en el mundo que haya devenido en felicidad, que se haya mantenido incólume. La hegemonía también supone lo inamovible, una realidad que no cambia. Pero el ser humano, desde lo individual hasta lo colectivo, es dinámico. Cada día hace del hombre un ser distinto. Uno no es el mismo al levantarse y al acostarse. La utopías son ideas, ideas que tienen como espíritu lo bello. Lo bello es la idea de lo inmutable, de lo eterno, porque lo perfecto no cambia. Si bien es cierto en nuestra naturaleza está la búsqueda de la idea, la belleza de ésta, también lo es que no existe en el mundo tangible una representación exacta de tal cosa. El dinamismo, el cambio, la perentoreidad son enemigos para el que va por la materialización del ideal. De ésto se desprende la felicidad. Esta idea, que también nació de nuestra sed de perfección e inmutabilidad, tiene su némesis en el cambio, el dinamismo y el desorden. Los totalitarismos, visiones únicas y no cambiantes de la vida, empuñan la lanza de la felicidad. El nazismo prometió a Alemania una sociedad perfecta basada en el pangermanismo. La felicidad racial aria se abrió paso practicando perversiones como la eugenesia, el darwinsmo distópico de la selección artificial y no natural de la especie. En su voluntad de realidad, esta utopía emprendió la persecución de lo diverso y lo cambiante, la aniquilación del "otro" encarnado en las "razas inferiores", en los campos de exterminio, la quema de libros, el destierro del "arte degenerado" (las vanguardias). No en vano Goering decía que cuando escuchaba la palabra cultura sacaba la pistola. El Comunismo hizo lo mismo en la Unión Soviética. La Revolución aplastó todo aquello que amenazara la consumación del "Hombre Nuevo Soviético", no en vano se llevaron a cabo inmensas purgas sociales. Un ejemplo está en la destrucción de las vanguardias, como la que acompañó a los revolucionarios en la toma del poder: El Constructivismo Ruso. Lenin, ya en el poder liderando la Revolución, fue invitado a una exposición de este movimiento. Al salir de ella, inmediatamente ordenó su desaparición por ser "subversiva". Malevich, uno de sus más importantes exponentes, fue reducido hasta terminar haciendo arte kitsch "revolucionario", muriendo así en las sombras. El nazismo persisitió hasta encontrarse con su propia destrucción en la II Guerra Mundial, el destino del Comunismo Soviético fué su implosión, bombardeado por las contradicciones que surgieron de su praxis en setenta años de totalitarismo, una hegemonía inviable.
En Venezuela, vuelvo a mis palabras anteriores, vivimos la confrontación de dos modelos. El ensayo revolucionario que ha entrado en su fase inicial de fracaso, se sienta sobre la lucha de clases, por la igualdad, contra la opresión y el imperialismo (abogando por la multipolaridad), apoyados en un pasticho de doctrinas, como el Socialismo, el Bolivarianismo, interpretados de manera dogmática. Pero a lo largo de estos quince años, apuntando a estos ideales de forma radical, también se ha consolidado en el poder. El poder y el control no son excluyentes uno del otro. El Estado en Venezuela en su tradición, como dijera Domingo Alberto Rangel, ha sido la madre de las "burguesías". El poder, el control, y la voluntad hegemónica de esta "Revolución" y sus mecanismos han alimentado sus contradicciones y la corrupción de sus élites, por eso vamos rumbo a la distopía. Andreu Domingo, en su ensayo "Descenso literario a los infiernos demográficos" nos revela: "La dificultad de la utopía en su formulación clásica para pensar lo dinámico, lo cambiante, reside en su raíz platónica, donde el saber y la verdad pertenecen al registro inamovible del orden y la paz de lo perpetuo. Su reverso, la distopía, nos ofrece la sombría visión del desorden, la violencia y la guerra, proyectada en el espejo umbrío de nuestro futuro". En este juego dialéctico la utopía y su purismo en la práctica, se da la mano con la distopía. Lo dinámico, lo diverso, lo cambiante al querer erradicarse pauperiza al individuo. Entramos en la distopía, donde el conflicto entre la felicidad y la libertad entra en paroxismo.
La propuesta de "cambio" que es el reverso de "La Revolución", inofensiva en sus postulados (Libertad), viene acompañada de la satananización del contrario. La defensa del "sector privado empresarial", trayendo consigo el sueño del corporativismo, como el único garante del bienestar que no se queda atrás en su ánimo utópico. Un ejemplo es esa frase de "Comunas es Comunismo". Es sano señalar que ese "cambio" representado por la oposición promete el retorno a un sueño añejo: el de la vieja democracia donde las contradicciones no se veían, porque eran reprimidas con el aparato policial del Estado. El retorno del sueño, dólares baratos, consumismo (aún imperante), clase media y alta despreocupadas por su entorno en los días de "cuando éramos felices y no lo sabíamos"; eso representa otra utopía. Es imposible volver a ser, revivir un tiempo y un espacio ya fenecidos. Hemos cambiado, la demografía ha cambiado, la historia nos ha cambiado (al parecer no a todos). También una tercera vía absolutista es caer en lo mismo.
Hace poco me encontré con el concepto de Heterotopía o “Des espaces autres” (de los espacios otros), gracias al al aporte de un buen amigo. Tal concepto fue elaborado por el filósofo francés Michel Foucault como "espacios que funcionan en condiciones no hegemónicas (de otreidad o alteridad), que no son ni aquí ni allá, que son a la vez físicos y mentales, como el espacio de una llamada o el momento en el que nos vemos en el espejo", tambien como "espacios diferentes, esos otros lugares, esas impugnaciones míticas y reales del espacio en el que vivimos". Ejemplos de heterotopías pueden estar representados por esos ámbitos donde la sociedad sitúa a lo "desviado" o fuera de norma. Pueden darse en museos, prisiones, psquiátricos, asilos, restaurantes. Actúan como utopías paralelas conservando lo imperfecto, lo indeseable. Por lo general en estos espacios peculiares ocurren eventos revolucionarios. Partiendo de esta posibilidad podemos escapar, dar un respiro en el sistema. Si queremos construír una nueva realidad, un nuevo Universo, la diversidad de espacios podría ser un camino. En la economía política podrían crearse condiciones para que en el sistema no sea una convivencia sino una articulación de zonas diversas. Hay que atreverse a pensar.

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