lunes, 30 de noviembre de 2009

Hay que sacar todo del pecho. Exorcizar la tragedia y despegarse del sinsentido. Es absurdo que un ser humano coseche bienes como única forma de entender su realidad. Para nosotros las respuestas son cuantitativas.  Cuanto necesitamos del número para sobrevivir, para valorar el universo. Desde que Pitàgoras viò en el número el principio de las cosas el mundo comenzó a joderse. Las almas se postraron ante la maldición de lo cuantitativo. Sin números no hay verdad posible. Ahora estoy en la cama escribiendo pendejadas. Pero es mejor hacerlo y no morir de pena

viernes, 6 de noviembre de 2009

rumbo a casa

Las tardes son horas tristes. La gente regresa a sus casas y a menudo el día les  deparó mucho menos de lo que aspiraban. Un célebre pensador (no recuerdo el nombre) dijo que la esperanza es un buen desayuno pero una mala cena. En mi caso mi primera comida es una rebanada de pan con queso y un café caliente y mi cena una ensalada y proteínas. Nunca me voy con la esperanza haciendo estragos en la digestiòn de mi mente. Pero vivir sin esperanzas para no ser infeliz es una farsa. Hace poco dije que no como esperanzas, pero a fin de cuentas escribir algo para alguien o para mì es una expectativa, un anhelo, un grito que busca aquello que se oculta detrás de la fe. Hace años sostuve una extraña conversación con un pastor adventista. Yo era joven y mi rebeldía conducía la charla hacia la confrontación. Aquel hombre estaba decidido a reclutarme en sus filas. Nada de lo que me dijo hizo mella en mi determinación de no dejarme manipular. Pero dijo algo muy cierto: muy pocos seràn salvados y entrarán al reino celestial. Esa sentencia es concreta, es tan veraz que no encuentra asidero en la próxima vida, en la eternidad prometida. Su aplicación, su ejecución se lleva a cabo en esta vida. Si vemos alrededor es de notar que la pobreza es la realidad de una mayorìa y la dicha material alcanza a unos pocos. La riqueza mal repartida es el ejemplo. Mientras me desplazo con esta manada de zombies metàlicos observo a una mujer en el vehìculo màs cercano. Ellla està sola y sus ojos ven, no solo la carretera, sino más allá. Su mirada se pierde en la quimera de una nueva vida.