martes, 18 de agosto de 2009

anclaje

Nada valen

Aquellos grandes barcos

Que a la lejanía se llevan los sueños

Ni los deliros donde cabalgan las guerras

Nada valen

Las pàginas que dieron a luz dioses

Ni las càpsulas donde

Las ideas traspasan el cielo

Nada valen

Estos libros que descansan

Sobre mi mesa

A la espera de una reflexión menguante

Nada vale la pena

Si en la víspera

Si en algún final

En el epílogo de un día incierto

No hay un beso

Donde anclar el alma

jueves, 13 de agosto de 2009

compañero de viaje

Ahí dejo correr las notas, los matices electrónicos de  la música. Surface de Air, estimulante creación de The Chemical Brothers. Es droga, la mejor de todas. Remonto el vuelo, paso por rostros, la geografía de cuerpos ardientes, aquel porro en la playa y su pelo sobre mi pecho. Son los buenos momentos. Bailo por dentro y la luz resplandece en intermitencias de fiesta. Las decepciones se convierten en preludios de la sabiduría. A través de la música las heridas apuran su sanaciòn. Es el milagro más excelso del ser humano. Creo que el único milagro. La música es lo que salva al ser humano de su propia miseria, de su mezquindad de especie dominadora del mundo. He perdido tanta gente querida. Gente que muere y lo va dejando a uno sin ese pasado que se hace presente. Ser pesimista es un arma poderosa. Sin fe, sin esperanzas de un mundo mejor, sin  “great expectations”, surco las aguas sin brújula. La tormenta se hace amiga, cómplice de ruta. No me detengo a pensar cuan justo o injusto es esto o aquello. La página pasa rápido, está de más mirar atrás o despedirse. A veces, cuando no me siento bien en un lugar, solamente salgo de allí y no volteo. Cuando alguien desaparece de mi vida no intervengo, no impido, no precipito, no indago, e incluso dejo de recordar. Hay episodios de mi vida que he borrado; la línea experiencial queda bombardeada por misiles de olvido, se crean lagunas y mi existencia se va convirtiendo es una colección de imágenes. Lo escribo y lo leo, todo se reafirma. Poco importa la pobreza o riqueza. Cuento conmigo, me veo en el espejo cuando amanece y anochece. Allí estoy yo, Allí está mi mejor compañero… y me sonríe

miércoles, 12 de agosto de 2009

leve ataque de intolerancia

Ocho horas de mi vida transcurren cada día en esta oficina. A lo largo de la jornada una radio permanece encendida y lo que suena es salsa y más salsa. La gente aquí vive su rutina y al parecer no tienen idea (o no lo aparentan) de que existe una vida más allá. Conversaciones que recorren el intrincado mundo de la ropa íntima, toallas sanitarias, marcas de biberones, pañales, carros, motos; así mismo todo lo referente a bebidas alcohólicas. Todo gira en función de los microprocesos y las pobres rutinas del ser humano. La salsa arrecia en el artefacto de mala calidad cuyo sonido hiere los oídos con la sutileza de un machete. Todo es bailar, la idea de la música es bailar, todo es malditamente bailable. En este preciso momento escucho las quejas del vecino, quejas acerca de cuando pagarán un bono y de como sacar lo que queda en la caja de ahorrros porque el dinero no alcanza. Su tragedia es mi tragedia, sin embargo yo giro en torno a lo universal. Es una manera de soportar la vida en pequeña escala. A veces llego sin dinero, apenas con una pequeña cantidad de casabe y queso, Hurgo la Internet, mis libros, hurgo papeles sueltos, escarbo viejos apuntes, escudriño el horizonte que cuelga sobre la panorámica de la sala de casa. Llamo a mi hija y le pregunto como está y le mando amapuches telefónicos. A veces llega mi amigo Gandolfini y trabajamos sobre nuestro proyecto literario, que va lento pero seguramente edificador. Con lo que me queda de dinero planifico un viaje a alguna playa, montaña o río. Escribo bajo las tinieblas de la luna nueva, otras iluminado por la órfica atmósfera de la luna llena. Ahora, intento escribir estas líneas, y el vecino del otro lado mantiene una conversación con otra vecina a viva voz, entre carcajadas y gritos agudos. Su timbre de voz de gallináceo semidegollado agrede mi ser. Tengo ganas de pararme, ir a su escritorio y patearle la cara. Tengo ganas de golpearle, de tomarle por el pelo y estrellarle la frente con su computadora. Respiro hondo y cierro los ojos. Comienzo a transformar maldiciones en bendiciones. Coloco a ese ser en un lugar donde necesita ayuda, es un ser humano necesitado de compasión. Pido por él. La ira pasa. 

martes, 11 de agosto de 2009

sentido

Hoy me invitaron a cenar. Estoy agotado. Pero cuando el teléfono suena dejo de sentir esa sensación de muerte que es la soledad. La voz apaciguadora de mi hermano, de un amigo, de alguien que verdaderamente me cuida. Una llamada es un rescate. Yo llamo también, cuando el cieloraso me cae encima, cuando las paredes, las cerraduras,. las persianas e incluso el piano melancòlico del cuarto se vuelven lluvia y frío. Coloco el blues màs triste de todos, he olvidado el nombre de quien lo ejecuta. Uno de mis escritores favoritos es Cioran, lo leo mil veces y me sorprende. Demasiado apegados a esta minùscula bacteria que somos, la fugacidad que se ahoga en la eternidad de un breve planeta. Cioran es un maestro. Sus palabras retumban: vinimos al mundo a no hacer nada

la luna y la guerra

El martes es un día pesado. Después de la Luna la Guerra. Así es despertar de un Lunes a un Martes. Preparado para la batalla entro a la ducha y poco a poco la tibieza del agua se va haciendo fría. Salgo de allí con todos los sentidos abiertos. Me he repuesto de la llamada. Poseo un procesador que sabe digerir los malos bocados. Experiencia, pura experiencia. En el tráfico mis ojos asisten a un banquete. Mujeres bellas, más mujeres bellas. Una hermosa chica espera el colectivo, el tráfico me lleva al lado de ella. Le lanzo una mirada cortejadora. He olvidado que a mi carro, prácticamente nuevo, lo puse en venta y ahora ando en una nave que tiene casi tres décadas. La chica se asusta y no la culpo. Sonrío y sigo mi camino. Ella baja la guardia y me observa mientras me alejo con el caudal. Quizás mañana la vea a esta misma hora y le haga el mismo lance. Mi cara se le hará familiar y le tomará cierto cariño a mi batimovil. Hoy me inscribiré en el gimnasio y produciré muchas endorfinas. Mi mente suspirará de placer y el nihilismo se retorcerá a gritos y se preguntará… ¿Dónde coño pusieron mi odio?

lunes, 10 de agosto de 2009

esa llamada

a las 10 de la noche recibì su llamada. con voz apurada me dijo "no me llames màs", te bloqueè en internet, mi situaciòn es complicada". no me quedò màs que decirle"tranquila, he pasado por eso". mi pensamiento se perdiò en la espesura de la noche, se extraviò entre las estrellas salpicadas en la negritud del cielo nocturno. hay mujeres dispuestas a guerrear, mujeres que se irìan con un hombre al mismìsimo infierno y desde allì construìr un mundo mejor. eso le sucede a los afortunados... a mì no

breve delirio polìtico

La vena política se me ha inflamado hoy. Una fuerza catártica me lleva a descargar en este blog, de manera desordenada y hasta ingenua,  mi entender político respecto a mi país. Desde que mi tierra es patria, y mucho antes también, la vida social se ha fundamentado sobre la opresión y el maltrato. Basta con pasar raudo y veloz por la Historia para darse cuenta sobre qué terreno putrefacto se ha construido esta sociedad. La conquista dejó su legado de sangre, después los conquistadores fueron expulsados para dar paso al mantuanaje rancio caraqueño que mantuvo con ferocidad un sistema de castas, que aún muestra su genética en el venezolano de hoy. Revoluciones y màs revoluciones se  han sucedido, ellas han trìaìdo consigo exterminio y miseria. Pero las revoluciones son necesarias. Las grandes conquistas de la civilización han necesitado de muerte y destrucción para saltar de ser de sueños a ser realidades. La abolición de la esclavitud, el derrumbamiento de la monarquia en Francia, El aniquilamiento de los zares rusos y la venida de la revolución soviética, los procesos independentistas (el nuestro fue grandioso y sanguinario) , la lucha sindical que derrumbó el patrón cuasiesclavista de la revolución industrial. Es interminable la lista. Nosotros vivimos hace diez años una curiosa revolución pacifica. Es tautológico repetir la historia. Fijando el foco en el presente, una polarizaciòn de vieja data ha revivido entre compatriotas. El status quo de una sociedad colonial, que se fue colando a través de la historia, hoy dìa se ve seriamente amenazado (Por lo menos en el siglo XX y XXI). Sin embargo la opresión y un modelo económico perverso siguen  vigentes con virulenta fuerza. La lucha política sigue su curso sobre las ruedas del  capitalismo. Siempre fui un convencido joven de izquierda. Desde niño fui objeto de los amargos experimentos sociològicos que se adelantaban en un colegio del Opus Dei.  Desde allí, un selecto grupo de burgueses, diseñaba la futura estructura de la oligarquía, o mejor dicho, la continuidad de esta. Siempre supe que mi rol de clase media era el de ser en la adultez un ejecutivo o ficha burocrática de las emergentes generaciones de oligarcas venezolanos quienes hacían ebullición en las aulas de esa nefasta institución educativa. El curso de esa “paideia escuálida” fue fracturado en el caracazo y posteriormente quebrado con la elección de Chávez. Diez años han transcurrido y sobre nuestra geografía transcurre la historia de dos países. Uno el Capitalista y el otro Socialista. . En ambos me debato con una gran dosis de sufrimiento. En la Venezuela capitalista mi carro se deteriora y los repuestos se han convertido en un artículo de extra lujo. La inflación sigue beneficiando a aquellos que detentan el poder económico (ya no el político). Mantener a mi hija ha requerido de esfuerzos extraordinarios donde la búsqueda implacable de dinero amenaza mi integridad espiritual y física.  Caracas sigue mostrando una faz opulenta, donde el “güisqui” corre como agua negra por la calle, y la gente que lo disfruta es la misma de hace décadas. Mientras un minùsculo grupo de privilegiados se ahoga en sus excesos, los pobres siguen con su ancestral calvario. El otro país, el socialista, es donde se me exige una cuota de entrega “metafísica”, compromiso revolucionario, mística y desapego a lo “material”. Por ende, en la economía socialista, el salario es un privilegio burgués. En el universo socialista, los lideres van y vienen del país capitalista y sus divinos placeres. El día a día me ha llevado a pensar que la revolución es más necesaria que nunca. La revolución es de vida o muerte. Algo ha sucedido en Venezuela, que la revoluciòn no termina de “cuajar”. La historia me dice que ha faltado el ingrediente esencial para que esta se de: la sangre. Los líderes, entre aduladores y doctorados “horroris causa” se van convirtiendo en enemigos de sus pueblos. Es necesaria una revolución para aniquilar ese monstruo de mil cabezas que es el capitalismo. ¿Pero quien está dispuesto a derramar su sangre?

martes, 4 de agosto de 2009

Breve ensayo sobre el Sr. Impecable

Como buen idiota he intentado acercarme a Estrella. Algo en mí se niega a aceptar la derrota. Si bien ella es amable y de manera muy leve dice que me extraña, se nota la nueva distancia entre nosotros. Mi olfato es muy fino y poseo mucha agudeza para leer todo lo que sucede alrededor. El señor impecable se ha llevado todo. Lo imagino vestido de marca hasta lo insólito. Para mí alguien que se forre de “marca” denota una grave carencia de clase. Por lo general, las personas de nivel y roce, poseen ciertos artículos de lujo finamente escogidos, pero sus vidas las llevan con inteligente mesura. He ido a muchos lugares de esta ciudad, que a veces logra cierto cosmopolitismo. He visto muchos rostros, conozco gente. Para ser un nihilista tengo buena propensión a socializar. Me gusta lo bello, lo estético. Aunque mis ideas son radicalmente de izquierda le huyo a lo precario y feo. Sin embargo, la belleza se siente cómoda dentro de la sencillez y el gusto. Sencillez no es más que llevar los elementos necesarios para que los atributos no se ahoguen en lo artificial, en la desmedida del consumo. Un hombre apestoso a perfume, forrado de prendas de lujo, que no se despeina, que no deja ver su propia naturaleza, equivale a una mujer con los labios inyectados. En la Caracas actual, la bonanza y la distorsión de una economía petrolera, trae como consecuencia esos reductos urbanos y suburbanos. Gente que camina por Chacaíto con la convicciòn de estar en una calle de Milán, París o Londres. Atiborrados de Versace, Gucci, Mont Blanc ante la mirada atónita de los pobres y el acecho de los malandros. No se trata de menospreciar a mi querido país, pero sí de darle una justa mirada. En esta ciudad existe lo bello y lo sublime. No muchas, pero si una buena masa de mujeres y hombres llevan con gracia su ropa, sus accesorios, sin
necesidad de gastar grandes fortunas. Sólo requieren del buen gusto para que cada cosa esté en su lugar. Este escrito, lejos de querer convertirse en un ensayo sobre moda, aspira a darle duro y sin piedad al Sr. Impecable, a quien el culo le debe oler a Jean Paul Gaultier y la mierda a Mont Blanc. Menos mal que existe este blog, donde puedo poner lo que se me venga en gana. Estoy despechado y lo mejor para esto es ser honesto con uno mismo, no adoptar posiciones magnánimas, no dejarle espacio a esa tolerancia obligada destinada a los perdedores. Sí, al que se jode siempre le dicen “ve más allá”, “sal de tus prejuicios”, “se objetivo”. En el despecho es un insulto ver más allá, salir de los prejuicios y ser objetivo. Estrella a lo
mejor se debate entre los buenos momentos conmigo y la novedosa “ostentación” del Sr. “fucking” Impecable, mas aún confìo en su revolucionario corazón. No soy hippie, me limpio el culo con el Sr. Impecable

un poco de rencor no es malo

Dicen que el rencor es perjudicial, pero no es malo dejar un poco de él sobre la mesa, para no tropezar de nuevo con la misma piedra. Anoche no bebí, llegué exhausto a casa. Ayer, antes de cerrar los ojos, puse en el ambiente una canción nostálgica, instrumental. Es una banda canadiense, Broken Social Scene. Así, la mirada se me fue apagando poco a poco bajo una densa paz. Se me vino a la mente un amigo que recientemente tomó la decisión de quitarse la vida. Se estaba divorciando y la esposa, con mucha furia, se daba a la tarea de saquearle todos sus bienes. Él había cometido un gran error. Tenía una amante y la había embarazado. Su esposa no podía tener hijos. Ramón, atrapado por la culpa, intentaba enmendar la plana con ambas mujeres. Pero ellas, sumidas en un odio implacable, ejercían toda clase de iniquidades cada una por su lado. Mi amigo, atormentado hasta el delirio, se había entregado a la vorágine del alcohol. Me llamaba frecuentemente para compartir su pena. La esposa y  la amante ya tenían quien les consolara. La del hijo lo torturaba a través de la criatura, lo mantenía bajo una constante amenaza de no ver al niño. La esposa se había apoderado del apartamento y allí disfrutaba de los favores del semental de turno. Un dìa, harto de verlo sufrir como un crucificado, le dije que ya había pagado el error con creces. Le exclamaba “manda pal coño a ese par de mierdas”. Él lo intentaba, pero siempre aparecía la amante (la peor) y lograba manipularle a través de un chantaje sexual y otro emocional. Ramòn mantenía su cuenta bancaria con el saldo suficiente para costear su destructivo alcoholismo. El resto se lo llevaban las dos furias, que como salidas del infierno, pululaban con odio alrededor de él. Yo viví algo parecido con la madre de mi hija, pero no hasta ese punto. Un día se enamoró de un hombre y decidió dejarme en paz. Hoy en día le rindo homenaje a ese señor que llegó como un arcángel, a salvarme de la ira implacable de mi exmujer. Està claro que no puedo comparar a Susana y a Estrella con esos personajes. Especialmente a Estrella, quien es una artista y un hermoso ser humano. Ella leva su cruz también. La entrega completa a su arte ha sido fundamental para que sus relaciones íntimas no duren. Ella me aclaró mil veces que no debía enamorarme. Pero yo le aclaré dos mil veces más que no me pidiera eso. Con mucho pesar imagino al caballero impecable besándole y haciéndole el amor (o el sexo). Es un instinto de exclusividad lo que me hace sentir tan herido. Sin embargo, ese galán es un ser humano. Por algún lado el casco exhibe un boquete. A lo mejor es un sujeto frìo y manipulador. Quizàs posea alguna debilidad por las prostitutas. O puede ser que de noche en noche gima bajo el látigo sadomaso de un zambo, en algún hotelucho de Caracas. No deseo que esto sea verdad. Pero dentro de todo me permite no ser duro conmigo mismo. Me permite no llenarme de esa falsa humildad que me lleva a decir “por algo me dejaron”. Soy un buen tipo. No importa que mi carro se parezca a Keith Richards, que viva alquilado en un remoto anexo, que los muebles de mi hogar sean de quincuagésima mano. No importa que el dinero me alcance para tres o cuatro cosas, nada de eso importa. Soy un buen tipo. Y el rencor, de alguna manera, será mi protector

lunes, 3 de agosto de 2009

el día después

El sol asalta mi profundo sueño. Después de bajarme la botella de ron caí prácticamente inconsciente. Me duele la cabeza. Echo mano a una jarra de agua que reposa sobre mi mesa de noche y me la bebo entera. Estoy apaleado, pero aún no me matan. Por más que se empeñe el destino, la naturaleza, la calle, la humanidad entera, sigo parado, jodidamente parado. A pesar de mis condiciones me coloco sobre mis dos pies y acto seguido tomo una ducha. Refuerzo mi visión, esa donde me convierto en un individuo invulnerable de sentimientos. La experiencia y los libros me brindan una herramienta: el pragmatismo de superviviente. No permitiré que me hagan daño, no les daré el gusto. El reflejo del espejo me lanza un piropo. Si bien no tengo una figura de modelo y mi cuerpo carga con unos pocos kilos de más, mi porte es fuerte. En mi veo una estirpe de antiguos conquistadores que a fuerza de espada sembraron el terror en tierras nuevas. Caja torácica amplia, brazos robustos y mirada de odio encendida, como los guerreros antiguos que oteaban el horizonte  en busca de sangre. Aparece una carta arrugada, una vieja carta de Susana que aún conservaba. La destrozo y la lanzo a la basura. Escondo toda evidencia de Estrella, sus regalos, souvenirs y objetos amorosos. Reviso mi lista telefónica y me detengo en el número de Fernanda, ese lindo rostro juvenil a quien llevo una cantidad considerable de abriles. Recuerdo sus senos duros, sus glúteos amplios pero firmes. Esa sonrisa de andaluza que arranca exclamaciones. Ella aún me lanza sus anzuelos. A veces nos encontramos en una que otra fiesta y me busca con semblante felino dispuesta a dar el zarpazo apenas me descuide.  Yo la evado convencido de mantenerme fiel a mi compañera. Pero soy libre, hoy soy libre. Las mujeres firman mi emancipación con duros golpes. Ellas son prácticas, cuando sienten la necesidad de cambiar lo hacen sin piedad. Lo tiran a uno al pozo de las inmundicias e inmediatamente se prendan de su nueva adquisición. Los hombres dejamos de querer, es cierto. Pero una noción de la compasión hace que procuremos un luto digno a la pareja. Tratamos de que no nos vean acompañados por un tiempo. Les llamamos, nos preocupamos y de cierta forma, el sentimiento de culpa nos vuelve dulces y comprensivos.  Puede ser una generalización burda esta que hago. Pero es lo que he visto y ha sido mi práctica. Salgo a la calle, voy a trabajar con energía y dolor de cabeza. He tomado un café y un calmante. Mucha hidratación y ganas de mandar a la mierda lo que me turbe. Sí, soy un macho, eso que tanto odian las feministas. En poco tiempo estaré jadeando, frotando mi lujuria sobre un cuerpo tierno de mujer. Hundiré mi alma en su boca y enterraré mi historia en su vientre. Ella hará lo mismo, me poseerá. Fumaremos buen cannabis. Me reiré de ellas, de sus retratos que languidecen en la galería de la infamia

el regreso de un extraño

Cuando uno se ausenta suceden muchas cosas. Digamos que la dinámica social de nuestro tiempo posee una velocidad ultrasónica. Salir de la clínica, después de varias semanas de desintoxicación etílica, es caer en otro mundo. Hoy me he sentido como aquel sujeto que se perdió por años, siendo incorporado por sus seres queridos a la dimensión de los muertos. Sin embargo él regresa, como un extraño. La gente le recibe con alegría, pero cuando el tiempo pasa se da cuenta que en verdad nadie le reconoce. Es un desconocido y pronto un invasor que incomoda a aquellos que le echaron de menos. Así sucedió con Estrella. Mi ausencia breve se hizo eterna en  este mundo arrollador. Al parecer un elegante caballero ha llegado a su vida. Él, un tipo próspero, casa impecable, traje impecable, modales impecables, dicción impecable, culo impecable y carro último modelo. No es de extrañar que me olviden, que me boten como un cachivache. No soy tan impecable, mi casa tiene muebles viejos, mi carro parece un jubilado en vísperas de lluvia, no visto de Versace y mi Mac tiene problemas en el teclado. En fin, después de constatar estas verdades, me siento un anciano. Entonces me voy a un pequeño café de suburbio para ahogar mis penas en un capucchino caliente. Me provoca beber. En una tienda contigua funciona una licorería. Pienso en la cara del médico, en esa expresión entre alarmante y juzgadora, diciendo que mi hígado no puede más. Algo me empuja a pagar la cuenta y abalanzarme sobre las botellas de la vitrina. No logro contenerme y compro un litrón de ron cacique. Apuro el paso hacia el carro. La desesperación se apodera de todo. Pronto, encerrado entre cuatro puertas, echo un largo y ardiente trago. El hoyo en mi pecho se apacigua. Bajo el vidrio y veo a una mujer hermosa caminar de manos con un tipo malencarado. La reconozco, me reconoce. Es Susana, aquella chica que hace algunos años desapareció de mi vida sin dejar rastro, sembrando en mí una árida desolación. Me observa sorprendida, se detiene, pero el mala facha le hala. Un retortijón golpea la boca de mi estómago. Salgo disparado a buscar un baño. Una vez adentro me miro en un espejo sucio y con resignación espero. Ya repuesto de tanta tristeza y sorpresa abandono el sanitario, pero algo sucede. Es Susana, sola, parada cerca de la puerta. Nos topamos de frente, ve mis ojos con profunda búsqueda. Sólo le doy mi silencio pero ella menciona mi nombre con la voz quebrada, abordándome con una intención de abrazo. A fin de cuentas no fui capaz de soportar tanto, así que zafándome emprendí la huida, no sin lograr reprimir un: ¡Maldita sea!

domingo, 2 de agosto de 2009

regreso

he estado tan lejos y tan cerca. el frío de la muerte arrastro mi alma a ese lugar donde los locos escupen verdades aisladas, verdades en pedazos, verdades que se arrebatan con furia de un hermoso jardín. pétalos destrozados que resplandecen en el suelo para ser triturados por la marcha uniforme de enfermeros y médicos. el nihilismo y el manicomio han danzado mano a mano durante décadas. recuerdo a aquel prodigio del pensamiento que terminó sollozando abrazado a un caballo maltratado por su dueño. así, esa mente brillante, llegó a la apoteosis, a la locura. estoy de nuevo aquí, ni tan igual, ni tan distinto. he tardado en clamar por tus besos en esos rincones donde el ojo de la humanidad no nos traspase como un puñal. así es que te amo