Dicen que el rencor es perjudicial, pero no es malo dejar un poco de él sobre la mesa, para no tropezar de nuevo con la misma piedra. Anoche no bebí, llegué exhausto a casa. Ayer, antes de cerrar los ojos, puse en el ambiente una canción nostálgica, instrumental. Es una banda canadiense, Broken Social Scene. Así, la mirada se me fue apagando poco a poco bajo una densa paz. Se me vino a la mente un amigo que recientemente tomó la decisión de quitarse la vida. Se estaba divorciando y la esposa, con mucha furia, se daba a la tarea de saquearle todos sus bienes. Él había cometido un gran error. Tenía una amante y la había embarazado. Su esposa no podía tener hijos. Ramón, atrapado por la culpa, intentaba enmendar la plana con ambas mujeres. Pero ellas, sumidas en un odio implacable, ejercían toda clase de iniquidades cada una por su lado. Mi amigo, atormentado hasta el delirio, se había entregado a la vorágine del alcohol. Me llamaba frecuentemente para compartir su pena. La esposa y la amante ya tenían quien les consolara. La del hijo lo torturaba a través de la criatura, lo mantenía bajo una constante amenaza de no ver al niño. La esposa se había apoderado del apartamento y allí disfrutaba de los favores del semental de turno. Un dìa, harto de verlo sufrir como un crucificado, le dije que ya había pagado el error con creces. Le exclamaba “manda pal coño a ese par de mierdas”. Él lo intentaba, pero siempre aparecía la amante (la peor) y lograba manipularle a través de un chantaje sexual y otro emocional. Ramòn mantenía su cuenta bancaria con el saldo suficiente para costear su destructivo alcoholismo. El resto se lo llevaban las dos furias, que como salidas del infierno, pululaban con odio alrededor de él. Yo viví algo parecido con la madre de mi hija, pero no hasta ese punto. Un día se enamoró de un hombre y decidió dejarme en paz. Hoy en día le rindo homenaje a ese señor que llegó como un arcángel, a salvarme de la ira implacable de mi exmujer. Està claro que no puedo comparar a Susana y a Estrella con esos personajes. Especialmente a Estrella, quien es una artista y un hermoso ser humano. Ella leva su cruz también. La entrega completa a su arte ha sido fundamental para que sus relaciones íntimas no duren. Ella me aclaró mil veces que no debía enamorarme. Pero yo le aclaré dos mil veces más que no me pidiera eso. Con mucho pesar imagino al caballero impecable besándole y haciéndole el amor (o el sexo). Es un instinto de exclusividad lo que me hace sentir tan herido. Sin embargo, ese galán es un ser humano. Por algún lado el casco exhibe un boquete. A lo mejor es un sujeto frìo y manipulador. Quizàs posea alguna debilidad por las prostitutas. O puede ser que de noche en noche gima bajo el látigo sadomaso de un zambo, en algún hotelucho de Caracas. No deseo que esto sea verdad. Pero dentro de todo me permite no ser duro conmigo mismo. Me permite no llenarme de esa falsa humildad que me lleva a decir “por algo me dejaron”. Soy un buen tipo. No importa que mi carro se parezca a Keith Richards, que viva alquilado en un remoto anexo, que los muebles de mi hogar sean de quincuagésima mano. No importa que el dinero me alcance para tres o cuatro cosas, nada de eso importa. Soy un buen tipo. Y el rencor, de alguna manera, será mi protector