lunes, 22 de junio de 2009

huella

Es inútil caminar sobre las preguntas que, incontables veces, el ser humano se ha hecho a lo largo del tiempo. La botella de ron se vacía a pasos agigantados entre trago y trago. A fuerza de preguntarme vainas sin el rigor de investigar las respuestas, mi vida se esfuma en la incógnita del alcohol. Hoy regresé apaleado por la realidad. En mi empleo, esa quimera sobre la cual me aferro con desesperación, la edad me convierte en un objeto caduco. Mi disoluta historia es un continuo apocalipsis económico. Me inmolo en una ruina financiera que no es más que una metáfora real de mi vida, un continuo destruirse, un continuo renacer, una supuesta génesis triunfal de ave fénix que no concluye.  Nada de esto, sin embargo, resulta un drama para mí. En el permanente saldo rojo de mi balance contable existe una irreductible soledad, nave donde  mi espíritu de aventura marca destinos sorprendentes. El capricho es la riqueza del pobre de solemnidad. Pocas esperanzas aligeran la mochila existencial. Mi hija se convierte en un exclusivo vínculo con el corpus existencial de la rutina. Procuro producir lo necesario para su crianza y educación.  Con habilidad esgrimo mis técnicas para mentir, ellas proporcionan credibilidad a esa imagen de trabajador indispensable que a lo largo de dos décadas se ha incubado en el insólito imaginario de una corporación decadente. El resto de mis fuerzas son esto que ahora descarga en este blog. Quiero elevarme sobre este cúmulo de dolores, sobre este epistolario de quejas. Por eso escribo un libro

martes, 16 de junio de 2009

la hermenéutica de la supervivencia

Hay un paréntesis de la vida, ese paréntesis es la amistad. En la antropofagia de la rutina emerge la hermenéutica de la amistad. ¿Qué seria de esas horas perdidas en el trafico, en un empleo devastador, allí donde la mirada se pierde en el infinito de los amores no correspondidos?. Tanta vivencia, tanto rock por las calles de una ciudad cuyo nombre surge de especulaciones canìbales. Todas las frustraciones, también aquellos estandartes que triunfales enterramos sobre la superficie del tiempo, todo ese bagaje encuentra asidero en la amistad. Las tertulias donde las anécdotas se hacen literatura. En vano el padecer se hace vida si no existe un amigo donde verterlo, y de èl sacar sabidurìa. Notas sobre una vida que se consume, existencia que se hace papel y tiempo que funge de fuego. Casi todo se va, pero algo queda. 

Mientras escribo, Estrella llega a mi vida por pedazos. Ella es un acertijo, un enigma donde mis interrogantes llegan a un oasis, a un goce.  ¿Quien eres Estrella?. Eres la encrucijada donde mi alma cansada decide. Ahora escribo un libro, una siembra que se nutre de la fraternidad y el amor. El arte salva, y tu cuerpo espera por este ser de tinieblas.

martes, 9 de junio de 2009

escribir algo

no puedo irme a la cama sin decir algo. hace unos días pasé por una insulsa librería, los estantes se desbordaban de libros de autoayuda. me fui de allí, no solo aburrido, sino convencido aun más. estoy atornillado a mis convicciones, las he blindado magistralmente... el problema es que se me quedé dentro del blindaje. El mundo no va bien, el optimismo es una próspera industria. donde hay grandes necesidades hay grandes mercados.

hace una hora tomé un te de tilo. mis pensamientos bailan en torno a ella. tiene esa feminidad fecunda, su belleza nada frágil, es un cuerpo salvaje. el guerrero la conquista, pero ignora a fin de cuentas algo: está clavando un estandarte sobre la tierra que lo llevará a la esclavitud

viernes, 5 de junio de 2009

la paradoja del vividor


Hace dos tragos abordè una nave con destino a la embriaguez. Pronto tomarè un destino intermedio a la ciudad, donde me esperan viejos amigos y nuevos rostros. En el trayecto inicial ojeè un libraco obeso y aparentemente aburrido, escrito por un tal Franz Hinkelammert (el nombre le hace honor a lo intrincado del tema). El libro se titula “El Sujeto y la Ley. El Retorno del Sujeto Reprimido”. En el conglomerado linguìstico de esta obra tropecè con la “paradoja del vividor”, cuya premisa es “”la vida es tan cara, que me voy a pegar un tiro para ahorrar lo poco que tengo”. Segùn el autor esrta premisa trata del lìmite de la racionalidad, donde lo poco que se tiene se anula, si se lo quiere ahorrar, a travès del suicidio. El fin es ahorrar y dejar de vivir es el medio. El azar me ha obsequiado una vez màs alguna clave. Me irè pronto a la ciudad con esta idea danzante. El ron està bueno, no lo arruinarè con aditivos. El efecto del alcohol se manifiesta en el color subido de mis orejas. Una alegrìa artificial me mantiene saltando entre el ordenador, el sonido de la mùsica y la caja de cigarrillos la cual coloco a cierta distancia. Esta parte de la vida es divertida, me siento libre y alterno entre esta reflexiòn y la idea de un poema. Soy una màquina letal, disparo palabras que van directo al corazòn de la puta vida. Me aferro a esta paradoja, con ella puedo inocular mi corrupta lògica a fin de olvidar, por ahora, la idea del suicidio.

viernes

En otros tiempos, los viernes encarnaban una celebración sagradamente profana. Para mí el móvil sin motivo  era muy sencillo: el espacio vacío donde convertirme en nada. Convertirse en nada tan solo requiere de un estado de alteración mental. Para tal fin, poco antes de terminar la jornada, iba directo a una licorera cercana al trabajo y me pertrechaba de una botella de ron. Una llamada delictiva era suficiente para obtener el euforizante cuya mezcla con el alcohol era el sueño esperado durante la semana. Hoy es viernes, pero la mezcla de otros tiempos ha salido de mi vida. Desde temprano me he comunicado con mis amigos, evitando desesperadamente quedar solo esta noche. Un temor ha estado incubándose durante los últimos días. Hace poco, el susurro de una voz interna mencionó la palabra  “suicidio”. Esta voz es un impulso, pero yo le llamo voz, porque al fin y al cabo me habla. Su acción es insidiosa, se cuela a través de las rendijas de mi alma como un reptil. Una vez adentro, su sibilino verbo lanza pequeñas frases que se van adhiriendo a las paredes de mi entendimiento. Así comienza a bullir ese pequeño remolino que al cabo del tiempo no soy capaz de frenar. Ayer, ignoro por qué, le confié a Estrella un episodio de mi vida que permanece en la censura. Le di detalles sobre aquella noche, que siendo yo un adolescente, tomé la decisión de poner fin a mi vida. No me juzgó, ella es un alma templada y robusta. Estrella está de viaje, y en la pantalla de mi portátil emerge su nombre una que otra noche. La distancia, quizás, hizo más fácil confesarle aquella verdad infame que aún hace vida entre mis demonios. Tengo miedo, hoy en tres oportunidades me sorprendí a mi mismo reflexionando sobre las maneras de hacerse un corte en las muñecas, un corte certero que no deje dudas a la hora de hacer verter toda la sangre de un cuerpo robusto. Tal pensamiento comienza con siniestra ingenuidad y se camufla en cierta obsesión lúdica que caracteriza a mi personalidad.

 

A mediados de la tarde mi gran amigo, Pablo Gandolfini, me informó sobre cierta reunión en casa de otro buen amigo, el Prof. Alejandro Costes. Una lumbre de emoción ilumina mi turbada mente, estaré en compañía y la garra diabólica de esa temida voz no me atrapará por esta noche. En otra oportunidad hablaré sobre mis amigos. Nosotros, con los años, hemos afianzado una amistad que se basa sólidamente en la conversación, en el compartir trascendental y en la tertulia de la vida. Entre los hombres, desde tiempos remotos, la amistad ha sido la semilla de los más importantes descubrimientos. Sócrates dio un giro radical a la consciencia desde la tribuna de la amistad. El diálogo fue su estrategia y la amistad un legado que quedaría inmortalizado en la obra de su discípulo Platón. Hoy me espera un buen vino y una animada reuniòn, donde el Prof. Costes abre las puertas a sus amigos y discípulos. Allí, una vez más, estaremos nosotros, los melancólicos….

miércoles, 3 de junio de 2009

bajo el azote de tu belleza

Oh, cuando cesarán estos fragmentos
de memoria
Cuando dejarán de deslizarse sobre mis
venas como
cuchillas ardientes
Cuando la luna dejará de ser un canto interminable 
sobre mi febril alma
Como a los torturados
tu belleza me asiste, es una promesa
y yo la transformo, no en oro
sino en lágrimas
Mi espera desesperada
allana con violencia tu recuerdo
coloca en él toda
la música necesaria
esparciendo colores
sin cuidado, sin cautela
sólo con una ciega voluntad

Y
sólo me pregunto
si tu belleza
es capaz de palidecer
como yo
bajo
el azote de la melancolía.

lunes, 1 de junio de 2009

estrella

cuanto te extraño

nuevo empleo

El abatimiento otra vez me pegó a la cama. Logré a duras penas incorporarme a la realidad, tal es mi rutina de depresivo incurable. He conseguido un nuevo empleo, un eslabón más en la mediocre trayectoria de un burócrata. La sociedad, la puta sociedad y sus cánones me aprisionan contra las cuerdas del fracaso. Los juicios aunque no importen, duelen como una madre puta. Es sencillo el trabajo, parte de mi estrategia de supervivencia es optar por posiciones que estén muy por debajo de mis capacidades, posiciones donde el ojo del compromiso no me descubra y escudriñe. El cansancio ha consolidado mi terror a la competencia, por otro lado en mi actua la una manifiesta rebeldía que me embarga con ahinco dia a dia. Estoy jodido, la selección natural me aparta a pasos agigantados de los fuertes. Soy un proscrito de la especie, que harto se lanza con tensa parsimonia al ruedo de la vida. Esta mañana una bucólica funcionaria me guió por el recorrido de mi nueva vida organizacional. Uno a uno fui presentado ante los rostros impávidos de mis futuros compañeros de rutina. Haciendo gala de una simpatía, que solo la experiencia sabe hacer aflorar, toqué diversos temas del uniforme y plano discurso de los ratones de oficina. Elogios al café preparado por la secretaria, a la temperatura del lugar, al clima y dos o tres frases motivacionales me sirvieron de pasaporte para acomodarme de nuevo en mi existencia de sietecueros. Por las noches me enfrasco rabiosamente con bocetos, ensayos y poemas. Mi portátil cayo enferma, mañana la llevo al medico, afortunadamente tiene garantía y esta no ha vencido aun. Recuerdo cuando fui a los sanitarios de mi nueva oficina, me mire al espejo y maldije una y otra vez. Llegue al escritorio y de repente tropecé con una mirada plana como un afiche. Era uno de mis nuevos compañeros. Este escuchaba con lerdo regocijo baladas de Ricardo Arjona. Inmediatamente me saludo con una sonrisa vacía mientras bamboleaba su cabeza de un lado a otro. Y yo sonrei de oreja a oreja no solo para devolverle el gesto… también para celebrar no estar tan jodido como muchos otros.