lunes, 22 de junio de 2009
huella
martes, 16 de junio de 2009
la hermenéutica de la supervivencia
martes, 9 de junio de 2009
escribir algo
viernes, 5 de junio de 2009
la paradoja del vividor

Hace dos tragos abordè una nave con destino a la embriaguez. Pronto tomarè un destino intermedio a la ciudad, donde me esperan viejos amigos y nuevos rostros. En el trayecto inicial ojeè un libraco obeso y aparentemente aburrido, escrito por un tal Franz Hinkelammert (el nombre le hace honor a lo intrincado del tema). El libro se titula “El Sujeto y la Ley. El Retorno del Sujeto Reprimido”. En el conglomerado linguìstico de esta obra tropecè con la “paradoja del vividor”, cuya premisa es “”la vida es tan cara, que me voy a pegar un tiro para ahorrar lo poco que tengo”. Segùn el autor esrta premisa trata del lìmite de la racionalidad, donde lo poco que se tiene se anula, si se lo quiere ahorrar, a travès del suicidio. El fin es ahorrar y dejar de vivir es el medio. El azar me ha obsequiado una vez màs alguna clave. Me irè pronto a la ciudad con esta idea danzante. El ron està bueno, no lo arruinarè con aditivos. El efecto del alcohol se manifiesta en el color subido de mis orejas. Una alegrìa artificial me mantiene saltando entre el ordenador, el sonido de la mùsica y la caja de cigarrillos la cual coloco a cierta distancia. Esta parte de la vida es divertida, me siento libre y alterno entre esta reflexiòn y la idea de un poema. Soy una màquina letal, disparo palabras que van directo al corazòn de la puta vida. Me aferro a esta paradoja, con ella puedo inocular mi corrupta lògica a fin de olvidar, por ahora, la idea del suicidio.
viernes
En otros tiempos, los viernes encarnaban una celebración sagradamente profana. Para mí el móvil sin motivo era muy sencillo: el espacio vacío donde convertirme en nada. Convertirse en nada tan solo requiere de un estado de alteración mental. Para tal fin, poco antes de terminar la jornada, iba directo a una licorera cercana al trabajo y me pertrechaba de una botella de ron. Una llamada delictiva era suficiente para obtener el euforizante cuya mezcla con el alcohol era el sueño esperado durante la semana. Hoy es viernes, pero la mezcla de otros tiempos ha salido de mi vida. Desde temprano me he comunicado con mis amigos, evitando desesperadamente quedar solo esta noche. Un temor ha estado incubándose durante los últimos días. Hace poco, el susurro de una voz interna mencionó la palabra “suicidio”. Esta voz es un impulso, pero yo le llamo voz, porque al fin y al cabo me habla. Su acción es insidiosa, se cuela a través de las rendijas de mi alma como un reptil. Una vez adentro, su sibilino verbo lanza pequeñas frases que se van adhiriendo a las paredes de mi entendimiento. Así comienza a bullir ese pequeño remolino que al cabo del tiempo no soy capaz de frenar. Ayer, ignoro por qué, le confié a Estrella un episodio de mi vida que permanece en la censura. Le di detalles sobre aquella noche, que siendo yo un adolescente, tomé la decisión de poner fin a mi vida. No me juzgó, ella es un alma templada y robusta. Estrella está de viaje, y en la pantalla de mi portátil emerge su nombre una que otra noche. La distancia, quizás, hizo más fácil confesarle aquella verdad infame que aún hace vida entre mis demonios. Tengo miedo, hoy en tres oportunidades me sorprendí a mi mismo reflexionando sobre las maneras de hacerse un corte en las muñecas, un corte certero que no deje dudas a la hora de hacer verter toda la sangre de un cuerpo robusto. Tal pensamiento comienza con siniestra ingenuidad y se camufla en cierta obsesión lúdica que caracteriza a mi personalidad.
A mediados de la tarde mi gran amigo, Pablo Gandolfini, me informó sobre cierta reunión en casa de otro buen amigo, el Prof. Alejandro Costes. Una lumbre de emoción ilumina mi turbada mente, estaré en compañía y la garra diabólica de esa temida voz no me atrapará por esta noche. En otra oportunidad hablaré sobre mis amigos. Nosotros, con los años, hemos afianzado una amistad que se basa sólidamente en la conversación, en el compartir trascendental y en la tertulia de la vida. Entre los hombres, desde tiempos remotos, la amistad ha sido la semilla de los más importantes descubrimientos. Sócrates dio un giro radical a la consciencia desde la tribuna de la amistad. El diálogo fue su estrategia y la amistad un legado que quedaría inmortalizado en la obra de su discípulo Platón. Hoy me espera un buen vino y una animada reuniòn, donde el Prof. Costes abre las puertas a sus amigos y discípulos. Allí, una vez más, estaremos nosotros, los melancólicos….
miércoles, 3 de junio de 2009
bajo el azote de tu belleza
de memoria
Cuando dejarán de deslizarse sobre mis
venas como
cuchillas ardientes
Cuando la luna dejará de ser un canto interminable
sobre mi febril alma
Como a los torturados
tu belleza me asiste, es una promesa
y yo la transformo, no en oro
sino en lágrimas
Mi espera desesperada
allana con violencia tu recuerdo
coloca en él toda
la música necesaria
esparciendo colores
sin cuidado, sin cautela
sólo con una ciega voluntad
Y
sólo me pregunto
si tu belleza
es capaz de palidecer
como yo
bajo
el azote de la melancolía.
