jueves, 21 de mayo de 2009

océano

Muy hondo respiro esta hora predilecta
me siento sobre las olas
me vuelvo ancestral, tanto que soy
hermano del tiempo
rijo las aguas del mundo y a mi lado
un eterno monstruo me acompaña,
Mi reino es una cosecha de versos
para los arrojados, los desafiantes
ellos rompen las mareas de mi furia
soy tempestad, sólo ella lleva
frutos a la orilla
espíritus elevados celebran
hasta la muerte misma
Las bestias de las profundidades
me arrastran
y sólo un murmullo llega a la arena
trae consigo claves de un secreto
un mensaje de mar adentro
más allá de la tormenta
y el perenne clamor de las
almas perdidas

jueves, 14 de mayo de 2009

estrella


Estrella es una artista. Ella vive el arte y éste configura cada partícula de su ser. Ella tiene un secreto y yo soy la mitad de éste. El crepúsculo es el signo de nuestro encuentro. La belleza de Estrella no se corresponde con la idea hegemónica que tiraniza a nuestras mujeres del trópico. Pero no deja de ser bella. A veces, antes de vernos, me escondo en un rincón sin que ella se percate. Su rostro fulgura en la multitud. Ojos anhelantes que escudriñan el horizonte de la vida. Su sonrisa es un regalo, un bálsamo que consuela. Yo estoy allí recibiéndole, llenándome de su aura. Cuando mi mano se posa en su espalda ésta aterriza en una firme geografía. Su cuerpo venusto deja ver formas representadas en otros planos de la historia. La luna festeja sobre su piel nacarada y en ella el pincel ha dejado traviesos pigmentos que me cautivan.

El arte la ha conducido al espinoso derrotero de la soledad. Estrella sonríe con plenitud pero su alma a veces llora en secreto. Si bien no me lo ha hecho saber, posee un brillo en la mirada que sólo las lágrimas saben pulir. El dolor, al contrario que a mí, ha templado su carácter soñador. Bajo la penumbra nuestros besos arden. Ellos relampaguean en la órfica bruma que nos rodea. El recuerdo la fija en mí platónicamente. Somos seres de la estepa que de cuando en cuando juntan sus cuerpos para darse calor. Inexorablemente su presencia evoca a un viejo amor cuya impronta fue este corazón mutilado. Desde entonces ha pasado mucho. Su espíritu de aventura reclama, debe irse a otro lugar. Lejos, lo incierto escribirá sus líneas. Estrella es el amor que toca a mi puerta… pero no entra.

martes, 12 de mayo de 2009

el último fantasma


La alarma dio su señal muy temprano, como siempre. La diferencia estribó en una fuerte migraña que taladró mi ya angustiada cabeza. Tomé diligente el medicamento indicado de mi abultada farmacia. Noto cierta hinchazón en mis manos. Me preocupa mi salud,; cierta obsesión mórbida comienza a hacer su trabajo. Sospechas mortales desfilan con indisciplina frente a mis ojos. Casi me convenzo de que sufro un grave problema de tensión arterial. Respiro hondo y poco a poco se desvanece la fatalidad. Pero el daño está hecho: he vuelto mierda mi día.



En mi habitación rodeado de objetos y ensoñaciones, escuchaba música en la clandestinidad. Los cuadernos, víctimas del olvido, yacían aún en el bulto La avanzada tarde me sorprendía en la plenitud de una sesión de Led Zeppelín. Era lógico inclinarse hacia esta maravilla que a la aburrida jornada de tareas escolares. De pronto se escucha un estruendo en la entrada y un mal presagio se apodera de mi espíritu. Intento sacar los cuadernos pero olvido apagar la música. Una bofetada cruza mi rostro y caigo de lado en el piso. Intento recuperarme, lo logro a medias. Un cinturonazo cae con precisión sobre mi espalda y resbalo. No me da el tiempo, una brutal fuerza tira de mi pelo sacudiendo mi pequeña humanidad de un lado a otro. Se hace interminable la lluvia de latigazos. Aquello termina con una patada en mi costado. La escena culmina con un ser humillado, tirado en el suelo en lo que debió ser un llanto, pero no lo fue. De súbito despierto.



Esta recurrencia se ha apoderado de mis noches durante tres décadas. El ser indeseable se enseñorea de mis sueños. Nada ha curado aún este mal. Durante años mi alma se sumergió en múltiples terapias y antiterapias. Saliendo de la adolescencia me sumí en variados estados de sedación. Abría el closet y alguna medicina me esperaba a fin de darle una densa y artificial calma a mi mente. Pronto, milagrosamente me convertí en un ser sociable. En algún lugar de la Caracas de finales del siglo XX, la opulencia de una época me trajo una compañía que cambiaría mi vida. Un polvo graso y blancuzco me brindó una larga fiesta. Fueron años buenos. Sin embargo el devenir erosivo transformó esa celebración en un tormento. La locura hizo su entrada triunfal. Y así caí en el manicomio una y otra vez.



Con el tiempo, el “cerbero” que atenazó mi infancia fue saliendo de la cotidianidad. La última vez que le ví estalló la crónica de una muerte anunciada. Mi mano cruzaba su rostro. Un certero puñetazo lo enviaba a la lona de la vida-. Aquel gesto, sin embargo, no fue suficiente para reivindicar toda una edad donde los sueños escaparon por el caño. El ser indeseable aun no ha sido expulsado de mis sueños.



No albergo esperanzas de exorcismos. Esta realidad me acompañará hasta la tumba. Es un estilo de vida. Cuando el memorioso olvido sepulta la iniquidad, por las noches el retrovisor de los sueños echa su mirada pretérita. Ya no hay tragos opiáceos ni polvos mágicos, pero sí poesía:




Créame señor, aún hay noches de cataclismo

de sombras asaltantes, presagios de sal

carabelas malditas

pero usted no desembarca



Créame señor, hay monstruos, algo se forja

en un oscuro sótano, abajo el miedo

es metal

pero mi materia es terca



Se que le arrebaté mi trémula espera

y el temor a su truenos

cuando escapé de esparta el tiempo

le transformó en barro



Créame señor, cuando usted salta la acera

sus hombros forman un triste arco

bajo mis ojos



Y no puedo cambiar

soy una bestia

en llamas

La chica estrella me manda un mensaje, un bálsamo que hace desaparecer demonios. El último fantasma huye entonces. El sol remonta el cielo y con él una esperanza.

domingo, 10 de mayo de 2009

El sexo de los ángeles (Ludovico Silva)

El sexo de los ángeles

 

 

Mis ángeles son ángeles con sexo.

Yo, nada teológico, pero erecto y divino

veo una mujer ángel en mis sueños.

 

Tiene espíritu y carne

y  tiembla cuando la toco,

vuela en torno mío

como una mariposa de cristal

y  se detiene en lo alto de mi torre

de mármol.

 

Como invitándome a escalarla.

 

Mi angelesa me cuenta, por las noches,

después de la tormenta del amor,

cosas acerca de la soledad de dios.

Dios está helado

en su propia memoria,

recordando a Lucifer

el ángel de la luz que lo alumbraba

cuando estaba prisionero

del tedio de la eternidad.

 

Mi angelesa me sigue a todas partes.

 

Como una mujer fiel.

Yo amo su sexo puro y hermoso

como el tiempo.

 


aparición

Eres una aparición. Un recuerdo bajo tenues reflejos. Tu busto se yergue, lo despojo de sus suaves telas. Tu mirada entorna con suave indiferencia, La luna festeja sobre tu divino torso de  diosa. Ante ti tiemblo, los duendes danzan bajo el frío. Soy un niño sorprendido, soy la inocencia que se quiebra. Un hondo deseo emerge desde los primeros días, aquella sorpresa, aquel descubrimiento jamás fueron ceniza. Eres una aparición que se despide. Ya lejana, tus ojos son los últimos que se pierden. El dolor aparece… de nuevo mi corazón es mutilado.

viernes, 8 de mayo de 2009

una contienda llamada rutina

Heme de nuevo en el cuadrilátero. El esfuerzo de vivir sería merecedor del sacrificio si éste se circunscribiera a los grandes ideales. Por lo visto ellos terminan sepultados bajo la absurdidad de la rutina. Rutina es ganarse el derecho a cualquier cosa, obtener lo necesario para sobrevivir a las exigencias de la sociedad, que día a día se hace más implacable. La mentira es vital en la tarea de justificar la existencia, para no decir otra cosa. Otra cosa pudiera ser Dios y demás ideas ulteriores (se incluyen ideologías de turno).

La odisea comenzó hace pocos días. Mi vehículo cayó enfermo. La contingencia me forzó a usar el transporte público para trasladarme al suburbio donde en el ocaso pongo mis huesos en descanso. Los pobres sufren tanto, se ve en el día a día. Millones de seres son condenados al vejamen de no tener dinero. Cansados, crepusculares, hacen maromas para no caerse en el vaivén del microbús o el tren, muchos cargan con criaturas recién traídas a esta locura de existencia. Rostros compungidos, en ellos no existe la dicha. La risa es un rictus. Caminan al filo de la supervivencia a través de este mundo, que no es más que una jungla.

Llegar a casa tomó tres horas. Lapso donde ocurrieron pequeños eventos desafortunados. El Metro fue un escenario más de la permanente humillación a la cual se somete a un pueblo. Supuestos problemas eléctricos obligaron a muchas personas a abandonar los vagones y buscar en la superficie la manera de llegar a sus destinos. En el trayecto, el hacinamiento y la precariedad hacen mella en la voluntad de vivir. Hay que hacerse de una coraza, hacerse insensible para seguir andando. Detenerse es la muerte. No importa si alguien agoniza en la acera, el tiempo apremia. La abyección se va apoderando del espíritu; el pan es primero. Pan, además de comida, en griego tiene la acepción de “Todo”. El pan se convierte en todo.

Los pobres que sirven en hogares clase media y alta son lanzados a la odisea de llegar a sus lugares de trabajo. Allí les espera, en muchas ocasiones, el trato despreciativo de una señorona o un “don”. Son empujados a andar calles hostiles al peatón, sin una calzada digna. Esquivando autos de lujo zigzaguean las mezquinas vías de una urbanización donde los sólo pudientes tienen el exclusivo derecho a existir. Cuando la odisea se hace imposible el tiempo falla. Entonces la señorona espera sólo para regatearles el pago. No es de sorprenderse que los pobres posean un resentimiento letal. Resentimiento que en el fondo no es tan irracional. Se nace en la pobreza y por lo general pobre se muere. Soy en apariencia afortunado, pero no me consuelo, sería un insulto.

Las maravillas de la vida quedan en el mito. Toda idea de redención es inmediatamente rebatida por otra, que a su vez tiene el mismo destino. Capitalismo, Socialismo, Dios, El Matrimonio: todos caen por su propio peso. Sólo queda vivir la vida lo mejor que se pueda. Invoco a Schopenhauer y me brinda este amargo bocado:

“La manifiesta desproporción entre nuestros esfuerzos y los resultados que de ellos obtenemos nos hace ver la voluntad de vivir como una meta que perseguir – objetivamente hablando – o como un delirio – desde el punto de vista subjetivo – que atrapa a todos los seres vivos y que, exigiendo el agotamiento de todas sus fuerzas, los empuja hacia algo que carece por completo de valor” (El mundo como Voluntad y Representación”

Antes de llegar a la guarida hice un alto para abastecerme. En bolsas traje algunos embutidos, frutas y jugos. Sin embargo algo se coló de improvisto. Una botella de cierto vino dulce y terriblemente barato. Apenas abrí la puerta, vertí el bacanal elixir en un gran vaso. Poco a poco la embriaguez fue taponando algunas heridas del día (y otras de la vida). Dejé que estallara algo de música. Los Pixies me llevaron a una edad donde el sufrimiento apenas era una promesa.

Hasta el próximo asalto y preparen sus guantes… la vida no parará hasta vernos muertos.

martes, 5 de mayo de 2009

ungidos por la pérdida

Cansado pero firme. El entorno no pierde su hermosura bajo el plutónico hechizo de la noche. Cierta fortuna, suspiro o tregua de la vida me ha provisto de este lugar donde es posible el descanso. El ocaso devino, fui testigo de una bella caída. Los acordes de una composición índigo ponen el escenario de la despedida. La despedida de un fugaz movimiento de rotación terrestre. En ese breve rotar de la Tierra suceden muchas cosas y la vez nada sucede. Es maravilloso evocar aquel célebre título “La Insoportable Levedad del Ser”, realizado por el prodigioso escritor Kundera. Nos aferramos a este microscópico ápice llamado vida. Este leve resplandor es todo para nosotros; a la vez es la carga más pesada. El día ha sido un desperdicio visto desde la óptica de la trascendencia. No hice mucho por el Universo pero puse mi mediocre grano de arena. Sin embargo un primitivo impulso fue suficiente para encarnar la continuidad, mi hija. Pienso en ella y mis ojos se vuelven manantiales. ¡Que leve origen tiene la trascendencia!.

Probablemente las líneas que escribo sean lo más útil del recién fenecido día. Algo dejo: un testimonio más sobre nihilismo y la ausencia de sentido. A través de la ventana apenas se divisa un poste de luz a quien aparentemente le ha asaltado la melancolía. Parece flanqueado por dos cables que tristemente le dan aspecto de crucificado. Crucificado a los coñazos. Suelto una risa cuando reflexiono sobre las genialidades, el humor inconsciente de quienes instalaron el maltrecho artefacto. Prosigo con mis reflexiones. El día ha sido uno más del montón, a no ser por el episodio del sismo mañanero. Sin embargo vuelve a mi memoria una mujer cuya aparición se envuelve en un halo de misterio. Pensar en ella, olerla a distancia, tocarla en el recuerdo ha provisto de matices a mi unidimensional apatía. Pero ella seguirá su rumbo. Mi propósito es no quedar maltrecho. Me mantengo cauto, enamorarme es un lujo.

La mujer es el ingrediente imprescindible de mi existencia. La tormentosa historia que ellas han escrito a sangre y lágrimas ha transformado mi ideal en una realidad de mujer. La realidad es más sencilla, ella es música, notas que saltan entre un rostro y otro. Sus incontables tonos, timbres, texturas y colores. Es gratificante procurarse un lugar en el espacio público y verlas transitar, unas con desparpajo, otras con timidez, otras con sinuosidad. Pero el simple espectáculo sucede mientras la sombra de la búsqueda me acompaña. Nacimos en la búsqueda. Parece que desde el primer momento, por instinto, nos empujaron al hallazgo. Nacimos y de antemano nos ungió la pérdida. El temporal acoplamiento del hombre y la mujer es una especie de alegoría. Condenados a buscarnos siempre y jamás encontrarnos. Triste de nuevo. Es hora de dormir, de súbito cae como lluvia una canción de Joe Cuba. Surge ella, la abrazo en el deseo, sus labios hermosos irrumpen y susurran…

"to be with you"

lunes, 4 de mayo de 2009

despuès del temblor

Entre las convulsiones de la madre tierra soy sacado de los parajes de Morfeo. Como buen desprevenido, el acontecimiento me toma en total desnudez, tal como vine a este oprobioso mundo. Me incorporo de una manera fantochesca a la realidad, con pronunciada ridiculez me coloco un paño alrededor. Veo el pequeño espejo contiguo a la cama. Cara de idiota infraganti. Enciendo la TV y me encuentro con que los factores de poder no desaprovechan media oportunidad para ganar terreno. Una desgreñada infame declara en el canal del gobierno, dice que el sismo es algo maravilloso y natural “La Tierra tiembla y los hombres tiemblan”. ¿De què manicomio sacan a esta gente?. País de mierda en un mundo de mierda, menuda suerte. No ha habido muertos ni heridos en el sismo. Bueno, llevo herido más de la mitad de mi vida. Casi lamento que el techo no me haya aplastado, de nuevo soy lanzado al coliseo. Vuelvo a preparar un café apestoso y me pregunto cuando coño esta terrible infusión quedará decente. Supongo que he sido tocado por la fortuna en comparación con el casi ochenta por ciento restante del planeta. Me pregunto entonces si esto será el mismo infierno. Llamo a la madre de mi hija (título adquirido después del divorcio) y me cercioro que la niña esté bien. Temo por ella. Ojala no llegue el día cuando me reproche el haberla traído a este planeta de condenados. Bebo de la amarga pócima, fumo un cigarrillo madrugador. El sismo me elevó la adrenalina. De pronto me asalta la última parte de un verso:

“Mantente alejado de dios
permanece angustiado
deslízate”
(Charles Bukowski)

La gente se persigna. No lo hago, pero pienso en aquella chica y me pregunto algunas cosas. La soledad es un látigo para el ego. Me siento solo, mi ego es castigado sin compasión. Siento desconfianza, pero esta no frena mi impulso erótico. Voy directo al abismo. Poco me importa, llevo el arnés y un paracaídas. He cambiado, el amor no me mata. Ha pasado el temblor

domingo, 3 de mayo de 2009

Hostal barato

No obstante mi actitud

elegíaca

y las sombras que se ciernen

sobre mi verbo

y las cenizas que bajo el

crepúsculo dibujan

ilusorios relieves

sobre mi semblante

Podría decir que

hay un lugar para

ciertas esperanzas

Sin embargo, alerto sobre éstas

a los ingenuos

reformadores de almas

No hay en ellas rencores

deseos frenéticos

o algo del odio positivo

que alimenta al optimismo

Tan solo son ángeles

cansados

que buscan sosiego

como viajeras,

como amantes

como exiliadas

Ellas, despechadas

borrachas

encuentran en mi corazón

un hostal barato

donde a veces

se encienden

bombillos rojos

desiderata

Mediodía del domingo. Ha llovido toda la mañana, aún siento el amargo de un café preparado con negligencia. Es tiempo de ensayar un poco, de afilar la pluma contra la vida. Me produce molestia ese permanente deber de celebrar. La desesperación sigue su curso entre las filas de la humanidad. Asalta sus filas de manera inclemente, sin embargo la gente continúa su curso desprevenido sumida en el opio del agradecimiento. Siento un volcán en mi pecho. algo brota y quema mis entrañas. Siento en el diafragma el grito del magma. Llevo años intentando interpretar esa erupción que con  el declive se convierte en vacío. Los primigenios días del odio se convierten en ceniza, poco a poco la tristeza forma un paraje agreste y azulado.  Exploro un poco de poesía, tropiezo con Gustavo Pereira:

La locura de perdernos bajó de los infiernos
se acurrucó en el lecho 
y simplemente nos arrasó

De allí la bella derrota que somos

Tengo dos filos entre mis manos, clavo en el  hígado el que me apunta. Así interpreto la vida, por el lado que hiere. Llegó casi a la letalidad. Siento un dolor leve en el esternón, entonces retiro todo pensamiento abrumado por el miedo. Mientras me afeito hago una pausa.  Una línea es trazada entre esa otredad del espejo y yo. Soy un conjunto cuyos elementos van desvaneciéndose sistemáticamente. No doy con lo extraviado. Soy el crepúsculo tardío y voy cayendo