viernes, 4 de diciembre de 2009

Modales y formas asépticas del lenguaje / Breve reflexión sobre mi arrechera

En los modales y las formas asépticas del lenguaje subyace una estrategia de dominación, donde el hombre borrego, el hombre domesticado, el hombre peón, el hombre esclavo, en fin, todas las modalidades de seres oprimidos y reprimidos, son despojados de la contundencia, de su capacidad subversiva y por ende del pensamiento propio para seguir caminando con apatía bajo el yugo del amo. Si bien este blog adolece por completo de una propuesta positiva, para mí como sujeto sobre el cual obran todos los placeres y miserias, sublimaciones y profanaciones propias del ser humano, es totalmente legìtimo encontrar un espacio donde hacer catarsis, vomitar, regurgitar, hacer gàrgaras y mucho màs. Con el tiempo, quizàs, dominarè mejor eso que llmana "comunicaciòn". Mientras tanto, seguirè escribiendo sobre mi dìa a dìa y la agonía que allì se genera.

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Mi discurso diario se maneja con una que otra palabrota. Pero hoy amanecí atravesado. No culpo a nadie por esto, pero tampoco voy a estar "salvàndole la patria"  a otro para defender sus intereses, mezquindades, inclinaciones y tendencias propias de la bajeza humana.


Es frecuente para mì escuchar las mismas preguntas: ¿Por qué te arrechas?, ¿Por què no te relajas?. ¿Què ganas estando arrecho? También suelo encontrarme con consejitos como “Al mal tiempo, buena cara”, “La rabia es mala para la salud (Ley de impuesto para los Bolsas)”.


Voy a responder de una a esas preguntas y consejitos:

¿Por qué te arrechas?

En primer lugar, por que se me viene la regalada gana de arrecharme y en segundo lugar porque no hay razones tampoco para estar celebrando. Si usted, mi amigo inquisidor, tiene algo de sentido común, se dará cuenta de la gran mentira en la que estamos sumidos bajo esa deformidad que “mientan” sociedad. Que el mundo va cuesta abajo gracias a nuestro puto paradigma de “mejoramiento continuo”. Me arrecho para no reblandecerme ante la postración intelectual, para no rendirle culto a esos ìdola a los que nos tienen acostumbrados, COMO POR EJEMPLO:: 

Ser exitosos
Competir y ser mejores que el otro
Si el otro es mejor entonces jòdelo pa que lo pongas atrás, 
Ponte en la cumbre de la pirámide al precio que sea
Compra esta mierda y esta otra mierda y la otra de la otra mierda para que eleves tu estatus
¿Ves al guevonote ese que está allí en la pantalla de tu TV?... créele y lucha por sus intereses
¿Viste a Sutanito, Perencejo y Guelepeo lo que se compraron?... ¿qué esperas para comprarlo guevòn?

Ahora… yo no practico nada de lo anterior. Usted, mi amigo inquisidor, me preguntará de nuevo con sórdida terquedad: ¿Entonces por qué te arrechas?. A lo que yo responderé, sin duda alguna: Porque me da la putìsima gana y ademàs : Por ahì viene un mamaguevo que sì lo hace y con eso se lleva todo por delante. Y en ese todo estoy yo, por cierto.


¿Por qué no te relajas?

No me relajo, en primer lugar, porque no se viene la regalada gana de relajarme. En segundo lugar; si me relajo mucho, ¿Ves la anterior respuesta entera?, Bueno, eso se convertirá en un dildo gigante el cual, por supuesto me lo querrán introducir con cuota balón (o valòn?) y todo

¿Qué ganas estando arrecho?

En primer lugar, estando arrecho me gano mi propio derecho a estar arrecho. En segundo lugar, me evito el dildo mencionado en la respuesta anterior.



Mis respuestas a los consejitos:

“Al mal tiempo, buena cara”

En primer lugar, la expresión de felicidad, regocijo, dedometidoenelculo, buena gente, bonachón y el mierdero subsiguiente a mì no me queda bien. Es decir, si yo salgo con una de esas caras “smiley” a la calle , mìnimo me echan un agarròn de culo por apendejeao. En segundo lugar: Si el tiempo es tan coño e’ madre e implacable. ¿Por qué coño le tengo que poner buena cara al hijueputa ese?

“La rabia es mala para la salud (Ley de impuesto para los Bolsas)”.


Y peor para la salud es que te vean la cara de guevòn todo el dìa y traten, con terca persistencia de meterte la pala hasta el fondo… es mas… estoy arrecho.





lunes, 30 de noviembre de 2009

Hay que sacar todo del pecho. Exorcizar la tragedia y despegarse del sinsentido. Es absurdo que un ser humano coseche bienes como única forma de entender su realidad. Para nosotros las respuestas son cuantitativas.  Cuanto necesitamos del número para sobrevivir, para valorar el universo. Desde que Pitàgoras viò en el número el principio de las cosas el mundo comenzó a joderse. Las almas se postraron ante la maldición de lo cuantitativo. Sin números no hay verdad posible. Ahora estoy en la cama escribiendo pendejadas. Pero es mejor hacerlo y no morir de pena

viernes, 6 de noviembre de 2009

rumbo a casa

Las tardes son horas tristes. La gente regresa a sus casas y a menudo el día les  deparó mucho menos de lo que aspiraban. Un célebre pensador (no recuerdo el nombre) dijo que la esperanza es un buen desayuno pero una mala cena. En mi caso mi primera comida es una rebanada de pan con queso y un café caliente y mi cena una ensalada y proteínas. Nunca me voy con la esperanza haciendo estragos en la digestiòn de mi mente. Pero vivir sin esperanzas para no ser infeliz es una farsa. Hace poco dije que no como esperanzas, pero a fin de cuentas escribir algo para alguien o para mì es una expectativa, un anhelo, un grito que busca aquello que se oculta detrás de la fe. Hace años sostuve una extraña conversación con un pastor adventista. Yo era joven y mi rebeldía conducía la charla hacia la confrontación. Aquel hombre estaba decidido a reclutarme en sus filas. Nada de lo que me dijo hizo mella en mi determinación de no dejarme manipular. Pero dijo algo muy cierto: muy pocos seràn salvados y entrarán al reino celestial. Esa sentencia es concreta, es tan veraz que no encuentra asidero en la próxima vida, en la eternidad prometida. Su aplicación, su ejecución se lleva a cabo en esta vida. Si vemos alrededor es de notar que la pobreza es la realidad de una mayorìa y la dicha material alcanza a unos pocos. La riqueza mal repartida es el ejemplo. Mientras me desplazo con esta manada de zombies metàlicos observo a una mujer en el vehìculo màs cercano. Ellla està sola y sus ojos ven, no solo la carretera, sino más allá. Su mirada se pierde en la quimera de una nueva vida. 

lunes, 12 de octubre de 2009

Un dìa màs

Una semana de infierno. Entre espasmos de pecho, una taladrante tos ha hecho mella en mi voluntad. El cuerpo se enferma y el alma ensombrece. Acabo de incorporarme al nuevo dìa. El reloj marca las 7 y media de la mañana y toda una jornada de tedio y aburrimiento amenaza con caerme encima. Hoy no me siento enamorado. Corro las persianas y el cielo muestra la sonrisa del sol de oreja a oreja, mientras a mi mente entran pensamientos suicidas de manera involuntaria. Es una mierda vivir asì, entonces me levanto de mi derrota y preparo un cafè cerrero de esos que levantan muertos. Algo debo hacer, no quiero permitirle a este nihilismo inspirador convertirse en un asesino. Mi vida pende de un hilo... pero Mahler suena y cierro los ojos. Recuerdo a Nietzsche: "Sìn mùsica la vida serìa un error"

lunes, 28 de septiembre de 2009

una cuestiòn de libertad

¿Por qué estoy solo?. La soledad es una condición necesaria en determinados individuos. Es el precio a pagar por la libertad. Digamos que vivimos atrapados entre dos dictaduras. La del aburrimiento y la de la angustia. En una se suele estar solo y en otra acompañado, aunque eso no es obligante. En mi caso estoy solo, aburrido y angustiado al mismo tiempo. Me sucede como en las economías subdesarrolladas donde la inflación y el estancamiento conviven, formando así la temida “estanflaciòn”. Mi condición espiritual “estanflada” es complicada para la medicina y la religión. Se requiere de una “doble cura” que aún no ha sido descubierta. Sin embargo vale la pena estar solo porque uno puede aburrirse y angustiarse con libertad. Nadie me exige que debo sonreír cuando llego a casa. Puedo deprimirme a gusto y si lo deseo tomarme la píldora mágica que me llevará a los parajes de Morfeo. En otras ocasiones tengo la plena soberanía de decidir sin mato el aburrimiento con una película de Steven Seagal o adorno mi angustia con La Città delle donne de Fellini. Estoy llegando a los cuarenta y nunca falta alguien que me lo recuerde, que me diga que debo ir apurando las cosas para no quedar viejo y solo. No obstante también puedo decidir si vale la pena llegar a tan viejo. Es válido, sobre todo si no quiero convertirme en una molestia para mi hija. Hay gente que sostiene que mi hija me va a necesitar siempre. Pero yo replico con la idea de que moriré primero que ella (es lo único que pido). La libertad es terrible y genera cierto cinismo. Ella es leve como el aire y pesada como la atmósfera. La soledad requiere de una dosis de valentía. Es tomar decisiones sin nadie a quien descargar la responsabilidad del fracaso. Cada paso es un acto crucial donde el equilibrista coloca un pie adelante en la cuerda floja. Hoy estoy viviendo mi soledad con libertad. Me he alejado un poco de mi hija… y es una forma de protegerla de este trance que estoy viviendo. Volveré a ella como siempre lo he soñado y espero que sea pronto. Pagaré el precio

vuela estrella

Estamos juntos y nos rodeamos de silencio. Mientras hacemos el amor busco en tus ojos, muy adentro, qué hay aparte de nuestras palabras. Hay mucho. Una mirada donde se deposita el mundo y su dolor. Una ventana que muestra lo que se esconde debajo de tu piel, la verdadera entrega. Llega el intermedio y nuestras manos se inundan de caricias. Un abrazo largo que se funde con la penumbra. Un ligero temblor que deja escapar lo solitarios que somos. En el silencio decimos lo que no nos atrevemos a través de las palabras. Cuando la quietud nos perturba llenamos nuestro espacio de música y deseamos que el sol no llegue tan pronto. He decidido no ser tuyo pero sí de ti. Como algo propio en un espacio distante de tu cotidiano. Me horroriza invadir tu vida de mis pequeñas miserias, de mis letanías. La cárcel no se hizo para nosotros. Vuela estrella y adorna mi cielo nocturno.

lunes, 21 de septiembre de 2009

extracto selective color woman (colores selectos)

Cae el día y mi obsesión se torna crepuscular. Salgo de nuevo de mis objetos cotidianos por fuerzas propias de un ser que envejece. Busco el mismo bulevar donde me hundo cuando estoy extraviado. Ya la mujer del trafico ha desaparecido. Mientras deambulo respiro muy hondo la atmósfera tardía de la ciudad. Un adagio calma los intensos latidos del mundo. Mesas, sillas, gente que sosiega su espíritu en lo que parece un milagro, un oasis extraño que les arranca de su inhóspito contexto. Busco una orilla bajo el sonido gratificante de la música. No es lluvia, son notas que caen desde la incógnita de Dios. Es la hora del regreso. Todos retornan a sus vidas. Yo escucho y observo con un profundo sentimiento de soledad. Cerca de mí noto la silueta que espera. ¿Espera?. La noche se anuncia entre los destellos del atardecer. Bajo la agonía de los colores ella parece disolverse en un lienzo. Su cara aguarda por mí, por mi alma cansada. Mi imaginación es un pincel que le da vida. Bajo el influjo de la melancolía se hace transparente el cristal donde miro. Pienso en mis actos, en los actos de los más grandes hombres y de aquellos que como yo, deliran anónimamente bajo la víspera de la luna . En este momento deseo que un golpe de juventud me saque de esta senil reflexión. Quiero abordarla e indagar, romper el silencio que nos separa. 

martes, 18 de agosto de 2009

anclaje

Nada valen

Aquellos grandes barcos

Que a la lejanía se llevan los sueños

Ni los deliros donde cabalgan las guerras

Nada valen

Las pàginas que dieron a luz dioses

Ni las càpsulas donde

Las ideas traspasan el cielo

Nada valen

Estos libros que descansan

Sobre mi mesa

A la espera de una reflexión menguante

Nada vale la pena

Si en la víspera

Si en algún final

En el epílogo de un día incierto

No hay un beso

Donde anclar el alma

jueves, 13 de agosto de 2009

compañero de viaje

Ahí dejo correr las notas, los matices electrónicos de  la música. Surface de Air, estimulante creación de The Chemical Brothers. Es droga, la mejor de todas. Remonto el vuelo, paso por rostros, la geografía de cuerpos ardientes, aquel porro en la playa y su pelo sobre mi pecho. Son los buenos momentos. Bailo por dentro y la luz resplandece en intermitencias de fiesta. Las decepciones se convierten en preludios de la sabiduría. A través de la música las heridas apuran su sanaciòn. Es el milagro más excelso del ser humano. Creo que el único milagro. La música es lo que salva al ser humano de su propia miseria, de su mezquindad de especie dominadora del mundo. He perdido tanta gente querida. Gente que muere y lo va dejando a uno sin ese pasado que se hace presente. Ser pesimista es un arma poderosa. Sin fe, sin esperanzas de un mundo mejor, sin  “great expectations”, surco las aguas sin brújula. La tormenta se hace amiga, cómplice de ruta. No me detengo a pensar cuan justo o injusto es esto o aquello. La página pasa rápido, está de más mirar atrás o despedirse. A veces, cuando no me siento bien en un lugar, solamente salgo de allí y no volteo. Cuando alguien desaparece de mi vida no intervengo, no impido, no precipito, no indago, e incluso dejo de recordar. Hay episodios de mi vida que he borrado; la línea experiencial queda bombardeada por misiles de olvido, se crean lagunas y mi existencia se va convirtiendo es una colección de imágenes. Lo escribo y lo leo, todo se reafirma. Poco importa la pobreza o riqueza. Cuento conmigo, me veo en el espejo cuando amanece y anochece. Allí estoy yo, Allí está mi mejor compañero… y me sonríe

miércoles, 12 de agosto de 2009

leve ataque de intolerancia

Ocho horas de mi vida transcurren cada día en esta oficina. A lo largo de la jornada una radio permanece encendida y lo que suena es salsa y más salsa. La gente aquí vive su rutina y al parecer no tienen idea (o no lo aparentan) de que existe una vida más allá. Conversaciones que recorren el intrincado mundo de la ropa íntima, toallas sanitarias, marcas de biberones, pañales, carros, motos; así mismo todo lo referente a bebidas alcohólicas. Todo gira en función de los microprocesos y las pobres rutinas del ser humano. La salsa arrecia en el artefacto de mala calidad cuyo sonido hiere los oídos con la sutileza de un machete. Todo es bailar, la idea de la música es bailar, todo es malditamente bailable. En este preciso momento escucho las quejas del vecino, quejas acerca de cuando pagarán un bono y de como sacar lo que queda en la caja de ahorrros porque el dinero no alcanza. Su tragedia es mi tragedia, sin embargo yo giro en torno a lo universal. Es una manera de soportar la vida en pequeña escala. A veces llego sin dinero, apenas con una pequeña cantidad de casabe y queso, Hurgo la Internet, mis libros, hurgo papeles sueltos, escarbo viejos apuntes, escudriño el horizonte que cuelga sobre la panorámica de la sala de casa. Llamo a mi hija y le pregunto como está y le mando amapuches telefónicos. A veces llega mi amigo Gandolfini y trabajamos sobre nuestro proyecto literario, que va lento pero seguramente edificador. Con lo que me queda de dinero planifico un viaje a alguna playa, montaña o río. Escribo bajo las tinieblas de la luna nueva, otras iluminado por la órfica atmósfera de la luna llena. Ahora, intento escribir estas líneas, y el vecino del otro lado mantiene una conversación con otra vecina a viva voz, entre carcajadas y gritos agudos. Su timbre de voz de gallináceo semidegollado agrede mi ser. Tengo ganas de pararme, ir a su escritorio y patearle la cara. Tengo ganas de golpearle, de tomarle por el pelo y estrellarle la frente con su computadora. Respiro hondo y cierro los ojos. Comienzo a transformar maldiciones en bendiciones. Coloco a ese ser en un lugar donde necesita ayuda, es un ser humano necesitado de compasión. Pido por él. La ira pasa. 

martes, 11 de agosto de 2009

sentido

Hoy me invitaron a cenar. Estoy agotado. Pero cuando el teléfono suena dejo de sentir esa sensación de muerte que es la soledad. La voz apaciguadora de mi hermano, de un amigo, de alguien que verdaderamente me cuida. Una llamada es un rescate. Yo llamo también, cuando el cieloraso me cae encima, cuando las paredes, las cerraduras,. las persianas e incluso el piano melancòlico del cuarto se vuelven lluvia y frío. Coloco el blues màs triste de todos, he olvidado el nombre de quien lo ejecuta. Uno de mis escritores favoritos es Cioran, lo leo mil veces y me sorprende. Demasiado apegados a esta minùscula bacteria que somos, la fugacidad que se ahoga en la eternidad de un breve planeta. Cioran es un maestro. Sus palabras retumban: vinimos al mundo a no hacer nada

la luna y la guerra

El martes es un día pesado. Después de la Luna la Guerra. Así es despertar de un Lunes a un Martes. Preparado para la batalla entro a la ducha y poco a poco la tibieza del agua se va haciendo fría. Salgo de allí con todos los sentidos abiertos. Me he repuesto de la llamada. Poseo un procesador que sabe digerir los malos bocados. Experiencia, pura experiencia. En el tráfico mis ojos asisten a un banquete. Mujeres bellas, más mujeres bellas. Una hermosa chica espera el colectivo, el tráfico me lleva al lado de ella. Le lanzo una mirada cortejadora. He olvidado que a mi carro, prácticamente nuevo, lo puse en venta y ahora ando en una nave que tiene casi tres décadas. La chica se asusta y no la culpo. Sonrío y sigo mi camino. Ella baja la guardia y me observa mientras me alejo con el caudal. Quizás mañana la vea a esta misma hora y le haga el mismo lance. Mi cara se le hará familiar y le tomará cierto cariño a mi batimovil. Hoy me inscribiré en el gimnasio y produciré muchas endorfinas. Mi mente suspirará de placer y el nihilismo se retorcerá a gritos y se preguntará… ¿Dónde coño pusieron mi odio?

lunes, 10 de agosto de 2009

esa llamada

a las 10 de la noche recibì su llamada. con voz apurada me dijo "no me llames màs", te bloqueè en internet, mi situaciòn es complicada". no me quedò màs que decirle"tranquila, he pasado por eso". mi pensamiento se perdiò en la espesura de la noche, se extraviò entre las estrellas salpicadas en la negritud del cielo nocturno. hay mujeres dispuestas a guerrear, mujeres que se irìan con un hombre al mismìsimo infierno y desde allì construìr un mundo mejor. eso le sucede a los afortunados... a mì no

breve delirio polìtico

La vena política se me ha inflamado hoy. Una fuerza catártica me lleva a descargar en este blog, de manera desordenada y hasta ingenua,  mi entender político respecto a mi país. Desde que mi tierra es patria, y mucho antes también, la vida social se ha fundamentado sobre la opresión y el maltrato. Basta con pasar raudo y veloz por la Historia para darse cuenta sobre qué terreno putrefacto se ha construido esta sociedad. La conquista dejó su legado de sangre, después los conquistadores fueron expulsados para dar paso al mantuanaje rancio caraqueño que mantuvo con ferocidad un sistema de castas, que aún muestra su genética en el venezolano de hoy. Revoluciones y màs revoluciones se  han sucedido, ellas han trìaìdo consigo exterminio y miseria. Pero las revoluciones son necesarias. Las grandes conquistas de la civilización han necesitado de muerte y destrucción para saltar de ser de sueños a ser realidades. La abolición de la esclavitud, el derrumbamiento de la monarquia en Francia, El aniquilamiento de los zares rusos y la venida de la revolución soviética, los procesos independentistas (el nuestro fue grandioso y sanguinario) , la lucha sindical que derrumbó el patrón cuasiesclavista de la revolución industrial. Es interminable la lista. Nosotros vivimos hace diez años una curiosa revolución pacifica. Es tautológico repetir la historia. Fijando el foco en el presente, una polarizaciòn de vieja data ha revivido entre compatriotas. El status quo de una sociedad colonial, que se fue colando a través de la historia, hoy dìa se ve seriamente amenazado (Por lo menos en el siglo XX y XXI). Sin embargo la opresión y un modelo económico perverso siguen  vigentes con virulenta fuerza. La lucha política sigue su curso sobre las ruedas del  capitalismo. Siempre fui un convencido joven de izquierda. Desde niño fui objeto de los amargos experimentos sociològicos que se adelantaban en un colegio del Opus Dei.  Desde allí, un selecto grupo de burgueses, diseñaba la futura estructura de la oligarquía, o mejor dicho, la continuidad de esta. Siempre supe que mi rol de clase media era el de ser en la adultez un ejecutivo o ficha burocrática de las emergentes generaciones de oligarcas venezolanos quienes hacían ebullición en las aulas de esa nefasta institución educativa. El curso de esa “paideia escuálida” fue fracturado en el caracazo y posteriormente quebrado con la elección de Chávez. Diez años han transcurrido y sobre nuestra geografía transcurre la historia de dos países. Uno el Capitalista y el otro Socialista. . En ambos me debato con una gran dosis de sufrimiento. En la Venezuela capitalista mi carro se deteriora y los repuestos se han convertido en un artículo de extra lujo. La inflación sigue beneficiando a aquellos que detentan el poder económico (ya no el político). Mantener a mi hija ha requerido de esfuerzos extraordinarios donde la búsqueda implacable de dinero amenaza mi integridad espiritual y física.  Caracas sigue mostrando una faz opulenta, donde el “güisqui” corre como agua negra por la calle, y la gente que lo disfruta es la misma de hace décadas. Mientras un minùsculo grupo de privilegiados se ahoga en sus excesos, los pobres siguen con su ancestral calvario. El otro país, el socialista, es donde se me exige una cuota de entrega “metafísica”, compromiso revolucionario, mística y desapego a lo “material”. Por ende, en la economía socialista, el salario es un privilegio burgués. En el universo socialista, los lideres van y vienen del país capitalista y sus divinos placeres. El día a día me ha llevado a pensar que la revolución es más necesaria que nunca. La revolución es de vida o muerte. Algo ha sucedido en Venezuela, que la revoluciòn no termina de “cuajar”. La historia me dice que ha faltado el ingrediente esencial para que esta se de: la sangre. Los líderes, entre aduladores y doctorados “horroris causa” se van convirtiendo en enemigos de sus pueblos. Es necesaria una revolución para aniquilar ese monstruo de mil cabezas que es el capitalismo. ¿Pero quien está dispuesto a derramar su sangre?

martes, 4 de agosto de 2009

Breve ensayo sobre el Sr. Impecable

Como buen idiota he intentado acercarme a Estrella. Algo en mí se niega a aceptar la derrota. Si bien ella es amable y de manera muy leve dice que me extraña, se nota la nueva distancia entre nosotros. Mi olfato es muy fino y poseo mucha agudeza para leer todo lo que sucede alrededor. El señor impecable se ha llevado todo. Lo imagino vestido de marca hasta lo insólito. Para mí alguien que se forre de “marca” denota una grave carencia de clase. Por lo general, las personas de nivel y roce, poseen ciertos artículos de lujo finamente escogidos, pero sus vidas las llevan con inteligente mesura. He ido a muchos lugares de esta ciudad, que a veces logra cierto cosmopolitismo. He visto muchos rostros, conozco gente. Para ser un nihilista tengo buena propensión a socializar. Me gusta lo bello, lo estético. Aunque mis ideas son radicalmente de izquierda le huyo a lo precario y feo. Sin embargo, la belleza se siente cómoda dentro de la sencillez y el gusto. Sencillez no es más que llevar los elementos necesarios para que los atributos no se ahoguen en lo artificial, en la desmedida del consumo. Un hombre apestoso a perfume, forrado de prendas de lujo, que no se despeina, que no deja ver su propia naturaleza, equivale a una mujer con los labios inyectados. En la Caracas actual, la bonanza y la distorsión de una economía petrolera, trae como consecuencia esos reductos urbanos y suburbanos. Gente que camina por Chacaíto con la convicciòn de estar en una calle de Milán, París o Londres. Atiborrados de Versace, Gucci, Mont Blanc ante la mirada atónita de los pobres y el acecho de los malandros. No se trata de menospreciar a mi querido país, pero sí de darle una justa mirada. En esta ciudad existe lo bello y lo sublime. No muchas, pero si una buena masa de mujeres y hombres llevan con gracia su ropa, sus accesorios, sin
necesidad de gastar grandes fortunas. Sólo requieren del buen gusto para que cada cosa esté en su lugar. Este escrito, lejos de querer convertirse en un ensayo sobre moda, aspira a darle duro y sin piedad al Sr. Impecable, a quien el culo le debe oler a Jean Paul Gaultier y la mierda a Mont Blanc. Menos mal que existe este blog, donde puedo poner lo que se me venga en gana. Estoy despechado y lo mejor para esto es ser honesto con uno mismo, no adoptar posiciones magnánimas, no dejarle espacio a esa tolerancia obligada destinada a los perdedores. Sí, al que se jode siempre le dicen “ve más allá”, “sal de tus prejuicios”, “se objetivo”. En el despecho es un insulto ver más allá, salir de los prejuicios y ser objetivo. Estrella a lo
mejor se debate entre los buenos momentos conmigo y la novedosa “ostentación” del Sr. “fucking” Impecable, mas aún confìo en su revolucionario corazón. No soy hippie, me limpio el culo con el Sr. Impecable

un poco de rencor no es malo

Dicen que el rencor es perjudicial, pero no es malo dejar un poco de él sobre la mesa, para no tropezar de nuevo con la misma piedra. Anoche no bebí, llegué exhausto a casa. Ayer, antes de cerrar los ojos, puse en el ambiente una canción nostálgica, instrumental. Es una banda canadiense, Broken Social Scene. Así, la mirada se me fue apagando poco a poco bajo una densa paz. Se me vino a la mente un amigo que recientemente tomó la decisión de quitarse la vida. Se estaba divorciando y la esposa, con mucha furia, se daba a la tarea de saquearle todos sus bienes. Él había cometido un gran error. Tenía una amante y la había embarazado. Su esposa no podía tener hijos. Ramón, atrapado por la culpa, intentaba enmendar la plana con ambas mujeres. Pero ellas, sumidas en un odio implacable, ejercían toda clase de iniquidades cada una por su lado. Mi amigo, atormentado hasta el delirio, se había entregado a la vorágine del alcohol. Me llamaba frecuentemente para compartir su pena. La esposa y  la amante ya tenían quien les consolara. La del hijo lo torturaba a través de la criatura, lo mantenía bajo una constante amenaza de no ver al niño. La esposa se había apoderado del apartamento y allí disfrutaba de los favores del semental de turno. Un dìa, harto de verlo sufrir como un crucificado, le dije que ya había pagado el error con creces. Le exclamaba “manda pal coño a ese par de mierdas”. Él lo intentaba, pero siempre aparecía la amante (la peor) y lograba manipularle a través de un chantaje sexual y otro emocional. Ramòn mantenía su cuenta bancaria con el saldo suficiente para costear su destructivo alcoholismo. El resto se lo llevaban las dos furias, que como salidas del infierno, pululaban con odio alrededor de él. Yo viví algo parecido con la madre de mi hija, pero no hasta ese punto. Un día se enamoró de un hombre y decidió dejarme en paz. Hoy en día le rindo homenaje a ese señor que llegó como un arcángel, a salvarme de la ira implacable de mi exmujer. Està claro que no puedo comparar a Susana y a Estrella con esos personajes. Especialmente a Estrella, quien es una artista y un hermoso ser humano. Ella leva su cruz también. La entrega completa a su arte ha sido fundamental para que sus relaciones íntimas no duren. Ella me aclaró mil veces que no debía enamorarme. Pero yo le aclaré dos mil veces más que no me pidiera eso. Con mucho pesar imagino al caballero impecable besándole y haciéndole el amor (o el sexo). Es un instinto de exclusividad lo que me hace sentir tan herido. Sin embargo, ese galán es un ser humano. Por algún lado el casco exhibe un boquete. A lo mejor es un sujeto frìo y manipulador. Quizàs posea alguna debilidad por las prostitutas. O puede ser que de noche en noche gima bajo el látigo sadomaso de un zambo, en algún hotelucho de Caracas. No deseo que esto sea verdad. Pero dentro de todo me permite no ser duro conmigo mismo. Me permite no llenarme de esa falsa humildad que me lleva a decir “por algo me dejaron”. Soy un buen tipo. No importa que mi carro se parezca a Keith Richards, que viva alquilado en un remoto anexo, que los muebles de mi hogar sean de quincuagésima mano. No importa que el dinero me alcance para tres o cuatro cosas, nada de eso importa. Soy un buen tipo. Y el rencor, de alguna manera, será mi protector

lunes, 3 de agosto de 2009

el día después

El sol asalta mi profundo sueño. Después de bajarme la botella de ron caí prácticamente inconsciente. Me duele la cabeza. Echo mano a una jarra de agua que reposa sobre mi mesa de noche y me la bebo entera. Estoy apaleado, pero aún no me matan. Por más que se empeñe el destino, la naturaleza, la calle, la humanidad entera, sigo parado, jodidamente parado. A pesar de mis condiciones me coloco sobre mis dos pies y acto seguido tomo una ducha. Refuerzo mi visión, esa donde me convierto en un individuo invulnerable de sentimientos. La experiencia y los libros me brindan una herramienta: el pragmatismo de superviviente. No permitiré que me hagan daño, no les daré el gusto. El reflejo del espejo me lanza un piropo. Si bien no tengo una figura de modelo y mi cuerpo carga con unos pocos kilos de más, mi porte es fuerte. En mi veo una estirpe de antiguos conquistadores que a fuerza de espada sembraron el terror en tierras nuevas. Caja torácica amplia, brazos robustos y mirada de odio encendida, como los guerreros antiguos que oteaban el horizonte  en busca de sangre. Aparece una carta arrugada, una vieja carta de Susana que aún conservaba. La destrozo y la lanzo a la basura. Escondo toda evidencia de Estrella, sus regalos, souvenirs y objetos amorosos. Reviso mi lista telefónica y me detengo en el número de Fernanda, ese lindo rostro juvenil a quien llevo una cantidad considerable de abriles. Recuerdo sus senos duros, sus glúteos amplios pero firmes. Esa sonrisa de andaluza que arranca exclamaciones. Ella aún me lanza sus anzuelos. A veces nos encontramos en una que otra fiesta y me busca con semblante felino dispuesta a dar el zarpazo apenas me descuide.  Yo la evado convencido de mantenerme fiel a mi compañera. Pero soy libre, hoy soy libre. Las mujeres firman mi emancipación con duros golpes. Ellas son prácticas, cuando sienten la necesidad de cambiar lo hacen sin piedad. Lo tiran a uno al pozo de las inmundicias e inmediatamente se prendan de su nueva adquisición. Los hombres dejamos de querer, es cierto. Pero una noción de la compasión hace que procuremos un luto digno a la pareja. Tratamos de que no nos vean acompañados por un tiempo. Les llamamos, nos preocupamos y de cierta forma, el sentimiento de culpa nos vuelve dulces y comprensivos.  Puede ser una generalización burda esta que hago. Pero es lo que he visto y ha sido mi práctica. Salgo a la calle, voy a trabajar con energía y dolor de cabeza. He tomado un café y un calmante. Mucha hidratación y ganas de mandar a la mierda lo que me turbe. Sí, soy un macho, eso que tanto odian las feministas. En poco tiempo estaré jadeando, frotando mi lujuria sobre un cuerpo tierno de mujer. Hundiré mi alma en su boca y enterraré mi historia en su vientre. Ella hará lo mismo, me poseerá. Fumaremos buen cannabis. Me reiré de ellas, de sus retratos que languidecen en la galería de la infamia

el regreso de un extraño

Cuando uno se ausenta suceden muchas cosas. Digamos que la dinámica social de nuestro tiempo posee una velocidad ultrasónica. Salir de la clínica, después de varias semanas de desintoxicación etílica, es caer en otro mundo. Hoy me he sentido como aquel sujeto que se perdió por años, siendo incorporado por sus seres queridos a la dimensión de los muertos. Sin embargo él regresa, como un extraño. La gente le recibe con alegría, pero cuando el tiempo pasa se da cuenta que en verdad nadie le reconoce. Es un desconocido y pronto un invasor que incomoda a aquellos que le echaron de menos. Así sucedió con Estrella. Mi ausencia breve se hizo eterna en  este mundo arrollador. Al parecer un elegante caballero ha llegado a su vida. Él, un tipo próspero, casa impecable, traje impecable, modales impecables, dicción impecable, culo impecable y carro último modelo. No es de extrañar que me olviden, que me boten como un cachivache. No soy tan impecable, mi casa tiene muebles viejos, mi carro parece un jubilado en vísperas de lluvia, no visto de Versace y mi Mac tiene problemas en el teclado. En fin, después de constatar estas verdades, me siento un anciano. Entonces me voy a un pequeño café de suburbio para ahogar mis penas en un capucchino caliente. Me provoca beber. En una tienda contigua funciona una licorería. Pienso en la cara del médico, en esa expresión entre alarmante y juzgadora, diciendo que mi hígado no puede más. Algo me empuja a pagar la cuenta y abalanzarme sobre las botellas de la vitrina. No logro contenerme y compro un litrón de ron cacique. Apuro el paso hacia el carro. La desesperación se apodera de todo. Pronto, encerrado entre cuatro puertas, echo un largo y ardiente trago. El hoyo en mi pecho se apacigua. Bajo el vidrio y veo a una mujer hermosa caminar de manos con un tipo malencarado. La reconozco, me reconoce. Es Susana, aquella chica que hace algunos años desapareció de mi vida sin dejar rastro, sembrando en mí una árida desolación. Me observa sorprendida, se detiene, pero el mala facha le hala. Un retortijón golpea la boca de mi estómago. Salgo disparado a buscar un baño. Una vez adentro me miro en un espejo sucio y con resignación espero. Ya repuesto de tanta tristeza y sorpresa abandono el sanitario, pero algo sucede. Es Susana, sola, parada cerca de la puerta. Nos topamos de frente, ve mis ojos con profunda búsqueda. Sólo le doy mi silencio pero ella menciona mi nombre con la voz quebrada, abordándome con una intención de abrazo. A fin de cuentas no fui capaz de soportar tanto, así que zafándome emprendí la huida, no sin lograr reprimir un: ¡Maldita sea!

domingo, 2 de agosto de 2009

regreso

he estado tan lejos y tan cerca. el frío de la muerte arrastro mi alma a ese lugar donde los locos escupen verdades aisladas, verdades en pedazos, verdades que se arrebatan con furia de un hermoso jardín. pétalos destrozados que resplandecen en el suelo para ser triturados por la marcha uniforme de enfermeros y médicos. el nihilismo y el manicomio han danzado mano a mano durante décadas. recuerdo a aquel prodigio del pensamiento que terminó sollozando abrazado a un caballo maltratado por su dueño. así, esa mente brillante, llegó a la apoteosis, a la locura. estoy de nuevo aquí, ni tan igual, ni tan distinto. he tardado en clamar por tus besos en esos rincones donde el ojo de la humanidad no nos traspase como un puñal. así es que te amo

lunes, 22 de junio de 2009

huella

Es inútil caminar sobre las preguntas que, incontables veces, el ser humano se ha hecho a lo largo del tiempo. La botella de ron se vacía a pasos agigantados entre trago y trago. A fuerza de preguntarme vainas sin el rigor de investigar las respuestas, mi vida se esfuma en la incógnita del alcohol. Hoy regresé apaleado por la realidad. En mi empleo, esa quimera sobre la cual me aferro con desesperación, la edad me convierte en un objeto caduco. Mi disoluta historia es un continuo apocalipsis económico. Me inmolo en una ruina financiera que no es más que una metáfora real de mi vida, un continuo destruirse, un continuo renacer, una supuesta génesis triunfal de ave fénix que no concluye.  Nada de esto, sin embargo, resulta un drama para mí. En el permanente saldo rojo de mi balance contable existe una irreductible soledad, nave donde  mi espíritu de aventura marca destinos sorprendentes. El capricho es la riqueza del pobre de solemnidad. Pocas esperanzas aligeran la mochila existencial. Mi hija se convierte en un exclusivo vínculo con el corpus existencial de la rutina. Procuro producir lo necesario para su crianza y educación.  Con habilidad esgrimo mis técnicas para mentir, ellas proporcionan credibilidad a esa imagen de trabajador indispensable que a lo largo de dos décadas se ha incubado en el insólito imaginario de una corporación decadente. El resto de mis fuerzas son esto que ahora descarga en este blog. Quiero elevarme sobre este cúmulo de dolores, sobre este epistolario de quejas. Por eso escribo un libro

martes, 16 de junio de 2009

la hermenéutica de la supervivencia

Hay un paréntesis de la vida, ese paréntesis es la amistad. En la antropofagia de la rutina emerge la hermenéutica de la amistad. ¿Qué seria de esas horas perdidas en el trafico, en un empleo devastador, allí donde la mirada se pierde en el infinito de los amores no correspondidos?. Tanta vivencia, tanto rock por las calles de una ciudad cuyo nombre surge de especulaciones canìbales. Todas las frustraciones, también aquellos estandartes que triunfales enterramos sobre la superficie del tiempo, todo ese bagaje encuentra asidero en la amistad. Las tertulias donde las anécdotas se hacen literatura. En vano el padecer se hace vida si no existe un amigo donde verterlo, y de èl sacar sabidurìa. Notas sobre una vida que se consume, existencia que se hace papel y tiempo que funge de fuego. Casi todo se va, pero algo queda. 

Mientras escribo, Estrella llega a mi vida por pedazos. Ella es un acertijo, un enigma donde mis interrogantes llegan a un oasis, a un goce.  ¿Quien eres Estrella?. Eres la encrucijada donde mi alma cansada decide. Ahora escribo un libro, una siembra que se nutre de la fraternidad y el amor. El arte salva, y tu cuerpo espera por este ser de tinieblas.

martes, 9 de junio de 2009

escribir algo

no puedo irme a la cama sin decir algo. hace unos días pasé por una insulsa librería, los estantes se desbordaban de libros de autoayuda. me fui de allí, no solo aburrido, sino convencido aun más. estoy atornillado a mis convicciones, las he blindado magistralmente... el problema es que se me quedé dentro del blindaje. El mundo no va bien, el optimismo es una próspera industria. donde hay grandes necesidades hay grandes mercados.

hace una hora tomé un te de tilo. mis pensamientos bailan en torno a ella. tiene esa feminidad fecunda, su belleza nada frágil, es un cuerpo salvaje. el guerrero la conquista, pero ignora a fin de cuentas algo: está clavando un estandarte sobre la tierra que lo llevará a la esclavitud

viernes, 5 de junio de 2009

la paradoja del vividor


Hace dos tragos abordè una nave con destino a la embriaguez. Pronto tomarè un destino intermedio a la ciudad, donde me esperan viejos amigos y nuevos rostros. En el trayecto inicial ojeè un libraco obeso y aparentemente aburrido, escrito por un tal Franz Hinkelammert (el nombre le hace honor a lo intrincado del tema). El libro se titula “El Sujeto y la Ley. El Retorno del Sujeto Reprimido”. En el conglomerado linguìstico de esta obra tropecè con la “paradoja del vividor”, cuya premisa es “”la vida es tan cara, que me voy a pegar un tiro para ahorrar lo poco que tengo”. Segùn el autor esrta premisa trata del lìmite de la racionalidad, donde lo poco que se tiene se anula, si se lo quiere ahorrar, a travès del suicidio. El fin es ahorrar y dejar de vivir es el medio. El azar me ha obsequiado una vez màs alguna clave. Me irè pronto a la ciudad con esta idea danzante. El ron està bueno, no lo arruinarè con aditivos. El efecto del alcohol se manifiesta en el color subido de mis orejas. Una alegrìa artificial me mantiene saltando entre el ordenador, el sonido de la mùsica y la caja de cigarrillos la cual coloco a cierta distancia. Esta parte de la vida es divertida, me siento libre y alterno entre esta reflexiòn y la idea de un poema. Soy una màquina letal, disparo palabras que van directo al corazòn de la puta vida. Me aferro a esta paradoja, con ella puedo inocular mi corrupta lògica a fin de olvidar, por ahora, la idea del suicidio.

viernes

En otros tiempos, los viernes encarnaban una celebración sagradamente profana. Para mí el móvil sin motivo  era muy sencillo: el espacio vacío donde convertirme en nada. Convertirse en nada tan solo requiere de un estado de alteración mental. Para tal fin, poco antes de terminar la jornada, iba directo a una licorera cercana al trabajo y me pertrechaba de una botella de ron. Una llamada delictiva era suficiente para obtener el euforizante cuya mezcla con el alcohol era el sueño esperado durante la semana. Hoy es viernes, pero la mezcla de otros tiempos ha salido de mi vida. Desde temprano me he comunicado con mis amigos, evitando desesperadamente quedar solo esta noche. Un temor ha estado incubándose durante los últimos días. Hace poco, el susurro de una voz interna mencionó la palabra  “suicidio”. Esta voz es un impulso, pero yo le llamo voz, porque al fin y al cabo me habla. Su acción es insidiosa, se cuela a través de las rendijas de mi alma como un reptil. Una vez adentro, su sibilino verbo lanza pequeñas frases que se van adhiriendo a las paredes de mi entendimiento. Así comienza a bullir ese pequeño remolino que al cabo del tiempo no soy capaz de frenar. Ayer, ignoro por qué, le confié a Estrella un episodio de mi vida que permanece en la censura. Le di detalles sobre aquella noche, que siendo yo un adolescente, tomé la decisión de poner fin a mi vida. No me juzgó, ella es un alma templada y robusta. Estrella está de viaje, y en la pantalla de mi portátil emerge su nombre una que otra noche. La distancia, quizás, hizo más fácil confesarle aquella verdad infame que aún hace vida entre mis demonios. Tengo miedo, hoy en tres oportunidades me sorprendí a mi mismo reflexionando sobre las maneras de hacerse un corte en las muñecas, un corte certero que no deje dudas a la hora de hacer verter toda la sangre de un cuerpo robusto. Tal pensamiento comienza con siniestra ingenuidad y se camufla en cierta obsesión lúdica que caracteriza a mi personalidad.

 

A mediados de la tarde mi gran amigo, Pablo Gandolfini, me informó sobre cierta reunión en casa de otro buen amigo, el Prof. Alejandro Costes. Una lumbre de emoción ilumina mi turbada mente, estaré en compañía y la garra diabólica de esa temida voz no me atrapará por esta noche. En otra oportunidad hablaré sobre mis amigos. Nosotros, con los años, hemos afianzado una amistad que se basa sólidamente en la conversación, en el compartir trascendental y en la tertulia de la vida. Entre los hombres, desde tiempos remotos, la amistad ha sido la semilla de los más importantes descubrimientos. Sócrates dio un giro radical a la consciencia desde la tribuna de la amistad. El diálogo fue su estrategia y la amistad un legado que quedaría inmortalizado en la obra de su discípulo Platón. Hoy me espera un buen vino y una animada reuniòn, donde el Prof. Costes abre las puertas a sus amigos y discípulos. Allí, una vez más, estaremos nosotros, los melancólicos….

miércoles, 3 de junio de 2009

bajo el azote de tu belleza

Oh, cuando cesarán estos fragmentos
de memoria
Cuando dejarán de deslizarse sobre mis
venas como
cuchillas ardientes
Cuando la luna dejará de ser un canto interminable 
sobre mi febril alma
Como a los torturados
tu belleza me asiste, es una promesa
y yo la transformo, no en oro
sino en lágrimas
Mi espera desesperada
allana con violencia tu recuerdo
coloca en él toda
la música necesaria
esparciendo colores
sin cuidado, sin cautela
sólo con una ciega voluntad

Y
sólo me pregunto
si tu belleza
es capaz de palidecer
como yo
bajo
el azote de la melancolía.

lunes, 1 de junio de 2009

estrella

cuanto te extraño

nuevo empleo

El abatimiento otra vez me pegó a la cama. Logré a duras penas incorporarme a la realidad, tal es mi rutina de depresivo incurable. He conseguido un nuevo empleo, un eslabón más en la mediocre trayectoria de un burócrata. La sociedad, la puta sociedad y sus cánones me aprisionan contra las cuerdas del fracaso. Los juicios aunque no importen, duelen como una madre puta. Es sencillo el trabajo, parte de mi estrategia de supervivencia es optar por posiciones que estén muy por debajo de mis capacidades, posiciones donde el ojo del compromiso no me descubra y escudriñe. El cansancio ha consolidado mi terror a la competencia, por otro lado en mi actua la una manifiesta rebeldía que me embarga con ahinco dia a dia. Estoy jodido, la selección natural me aparta a pasos agigantados de los fuertes. Soy un proscrito de la especie, que harto se lanza con tensa parsimonia al ruedo de la vida. Esta mañana una bucólica funcionaria me guió por el recorrido de mi nueva vida organizacional. Uno a uno fui presentado ante los rostros impávidos de mis futuros compañeros de rutina. Haciendo gala de una simpatía, que solo la experiencia sabe hacer aflorar, toqué diversos temas del uniforme y plano discurso de los ratones de oficina. Elogios al café preparado por la secretaria, a la temperatura del lugar, al clima y dos o tres frases motivacionales me sirvieron de pasaporte para acomodarme de nuevo en mi existencia de sietecueros. Por las noches me enfrasco rabiosamente con bocetos, ensayos y poemas. Mi portátil cayo enferma, mañana la llevo al medico, afortunadamente tiene garantía y esta no ha vencido aun. Recuerdo cuando fui a los sanitarios de mi nueva oficina, me mire al espejo y maldije una y otra vez. Llegue al escritorio y de repente tropecé con una mirada plana como un afiche. Era uno de mis nuevos compañeros. Este escuchaba con lerdo regocijo baladas de Ricardo Arjona. Inmediatamente me saludo con una sonrisa vacía mientras bamboleaba su cabeza de un lado a otro. Y yo sonrei de oreja a oreja no solo para devolverle el gesto… también para celebrar no estar tan jodido como muchos otros.

jueves, 21 de mayo de 2009

océano

Muy hondo respiro esta hora predilecta
me siento sobre las olas
me vuelvo ancestral, tanto que soy
hermano del tiempo
rijo las aguas del mundo y a mi lado
un eterno monstruo me acompaña,
Mi reino es una cosecha de versos
para los arrojados, los desafiantes
ellos rompen las mareas de mi furia
soy tempestad, sólo ella lleva
frutos a la orilla
espíritus elevados celebran
hasta la muerte misma
Las bestias de las profundidades
me arrastran
y sólo un murmullo llega a la arena
trae consigo claves de un secreto
un mensaje de mar adentro
más allá de la tormenta
y el perenne clamor de las
almas perdidas

jueves, 14 de mayo de 2009

estrella


Estrella es una artista. Ella vive el arte y éste configura cada partícula de su ser. Ella tiene un secreto y yo soy la mitad de éste. El crepúsculo es el signo de nuestro encuentro. La belleza de Estrella no se corresponde con la idea hegemónica que tiraniza a nuestras mujeres del trópico. Pero no deja de ser bella. A veces, antes de vernos, me escondo en un rincón sin que ella se percate. Su rostro fulgura en la multitud. Ojos anhelantes que escudriñan el horizonte de la vida. Su sonrisa es un regalo, un bálsamo que consuela. Yo estoy allí recibiéndole, llenándome de su aura. Cuando mi mano se posa en su espalda ésta aterriza en una firme geografía. Su cuerpo venusto deja ver formas representadas en otros planos de la historia. La luna festeja sobre su piel nacarada y en ella el pincel ha dejado traviesos pigmentos que me cautivan.

El arte la ha conducido al espinoso derrotero de la soledad. Estrella sonríe con plenitud pero su alma a veces llora en secreto. Si bien no me lo ha hecho saber, posee un brillo en la mirada que sólo las lágrimas saben pulir. El dolor, al contrario que a mí, ha templado su carácter soñador. Bajo la penumbra nuestros besos arden. Ellos relampaguean en la órfica bruma que nos rodea. El recuerdo la fija en mí platónicamente. Somos seres de la estepa que de cuando en cuando juntan sus cuerpos para darse calor. Inexorablemente su presencia evoca a un viejo amor cuya impronta fue este corazón mutilado. Desde entonces ha pasado mucho. Su espíritu de aventura reclama, debe irse a otro lugar. Lejos, lo incierto escribirá sus líneas. Estrella es el amor que toca a mi puerta… pero no entra.

martes, 12 de mayo de 2009

el último fantasma


La alarma dio su señal muy temprano, como siempre. La diferencia estribó en una fuerte migraña que taladró mi ya angustiada cabeza. Tomé diligente el medicamento indicado de mi abultada farmacia. Noto cierta hinchazón en mis manos. Me preocupa mi salud,; cierta obsesión mórbida comienza a hacer su trabajo. Sospechas mortales desfilan con indisciplina frente a mis ojos. Casi me convenzo de que sufro un grave problema de tensión arterial. Respiro hondo y poco a poco se desvanece la fatalidad. Pero el daño está hecho: he vuelto mierda mi día.



En mi habitación rodeado de objetos y ensoñaciones, escuchaba música en la clandestinidad. Los cuadernos, víctimas del olvido, yacían aún en el bulto La avanzada tarde me sorprendía en la plenitud de una sesión de Led Zeppelín. Era lógico inclinarse hacia esta maravilla que a la aburrida jornada de tareas escolares. De pronto se escucha un estruendo en la entrada y un mal presagio se apodera de mi espíritu. Intento sacar los cuadernos pero olvido apagar la música. Una bofetada cruza mi rostro y caigo de lado en el piso. Intento recuperarme, lo logro a medias. Un cinturonazo cae con precisión sobre mi espalda y resbalo. No me da el tiempo, una brutal fuerza tira de mi pelo sacudiendo mi pequeña humanidad de un lado a otro. Se hace interminable la lluvia de latigazos. Aquello termina con una patada en mi costado. La escena culmina con un ser humillado, tirado en el suelo en lo que debió ser un llanto, pero no lo fue. De súbito despierto.



Esta recurrencia se ha apoderado de mis noches durante tres décadas. El ser indeseable se enseñorea de mis sueños. Nada ha curado aún este mal. Durante años mi alma se sumergió en múltiples terapias y antiterapias. Saliendo de la adolescencia me sumí en variados estados de sedación. Abría el closet y alguna medicina me esperaba a fin de darle una densa y artificial calma a mi mente. Pronto, milagrosamente me convertí en un ser sociable. En algún lugar de la Caracas de finales del siglo XX, la opulencia de una época me trajo una compañía que cambiaría mi vida. Un polvo graso y blancuzco me brindó una larga fiesta. Fueron años buenos. Sin embargo el devenir erosivo transformó esa celebración en un tormento. La locura hizo su entrada triunfal. Y así caí en el manicomio una y otra vez.



Con el tiempo, el “cerbero” que atenazó mi infancia fue saliendo de la cotidianidad. La última vez que le ví estalló la crónica de una muerte anunciada. Mi mano cruzaba su rostro. Un certero puñetazo lo enviaba a la lona de la vida-. Aquel gesto, sin embargo, no fue suficiente para reivindicar toda una edad donde los sueños escaparon por el caño. El ser indeseable aun no ha sido expulsado de mis sueños.



No albergo esperanzas de exorcismos. Esta realidad me acompañará hasta la tumba. Es un estilo de vida. Cuando el memorioso olvido sepulta la iniquidad, por las noches el retrovisor de los sueños echa su mirada pretérita. Ya no hay tragos opiáceos ni polvos mágicos, pero sí poesía:




Créame señor, aún hay noches de cataclismo

de sombras asaltantes, presagios de sal

carabelas malditas

pero usted no desembarca



Créame señor, hay monstruos, algo se forja

en un oscuro sótano, abajo el miedo

es metal

pero mi materia es terca



Se que le arrebaté mi trémula espera

y el temor a su truenos

cuando escapé de esparta el tiempo

le transformó en barro



Créame señor, cuando usted salta la acera

sus hombros forman un triste arco

bajo mis ojos



Y no puedo cambiar

soy una bestia

en llamas

La chica estrella me manda un mensaje, un bálsamo que hace desaparecer demonios. El último fantasma huye entonces. El sol remonta el cielo y con él una esperanza.

domingo, 10 de mayo de 2009

El sexo de los ángeles (Ludovico Silva)

El sexo de los ángeles

 

 

Mis ángeles son ángeles con sexo.

Yo, nada teológico, pero erecto y divino

veo una mujer ángel en mis sueños.

 

Tiene espíritu y carne

y  tiembla cuando la toco,

vuela en torno mío

como una mariposa de cristal

y  se detiene en lo alto de mi torre

de mármol.

 

Como invitándome a escalarla.

 

Mi angelesa me cuenta, por las noches,

después de la tormenta del amor,

cosas acerca de la soledad de dios.

Dios está helado

en su propia memoria,

recordando a Lucifer

el ángel de la luz que lo alumbraba

cuando estaba prisionero

del tedio de la eternidad.

 

Mi angelesa me sigue a todas partes.

 

Como una mujer fiel.

Yo amo su sexo puro y hermoso

como el tiempo.

 


aparición

Eres una aparición. Un recuerdo bajo tenues reflejos. Tu busto se yergue, lo despojo de sus suaves telas. Tu mirada entorna con suave indiferencia, La luna festeja sobre tu divino torso de  diosa. Ante ti tiemblo, los duendes danzan bajo el frío. Soy un niño sorprendido, soy la inocencia que se quiebra. Un hondo deseo emerge desde los primeros días, aquella sorpresa, aquel descubrimiento jamás fueron ceniza. Eres una aparición que se despide. Ya lejana, tus ojos son los últimos que se pierden. El dolor aparece… de nuevo mi corazón es mutilado.

viernes, 8 de mayo de 2009

una contienda llamada rutina

Heme de nuevo en el cuadrilátero. El esfuerzo de vivir sería merecedor del sacrificio si éste se circunscribiera a los grandes ideales. Por lo visto ellos terminan sepultados bajo la absurdidad de la rutina. Rutina es ganarse el derecho a cualquier cosa, obtener lo necesario para sobrevivir a las exigencias de la sociedad, que día a día se hace más implacable. La mentira es vital en la tarea de justificar la existencia, para no decir otra cosa. Otra cosa pudiera ser Dios y demás ideas ulteriores (se incluyen ideologías de turno).

La odisea comenzó hace pocos días. Mi vehículo cayó enfermo. La contingencia me forzó a usar el transporte público para trasladarme al suburbio donde en el ocaso pongo mis huesos en descanso. Los pobres sufren tanto, se ve en el día a día. Millones de seres son condenados al vejamen de no tener dinero. Cansados, crepusculares, hacen maromas para no caerse en el vaivén del microbús o el tren, muchos cargan con criaturas recién traídas a esta locura de existencia. Rostros compungidos, en ellos no existe la dicha. La risa es un rictus. Caminan al filo de la supervivencia a través de este mundo, que no es más que una jungla.

Llegar a casa tomó tres horas. Lapso donde ocurrieron pequeños eventos desafortunados. El Metro fue un escenario más de la permanente humillación a la cual se somete a un pueblo. Supuestos problemas eléctricos obligaron a muchas personas a abandonar los vagones y buscar en la superficie la manera de llegar a sus destinos. En el trayecto, el hacinamiento y la precariedad hacen mella en la voluntad de vivir. Hay que hacerse de una coraza, hacerse insensible para seguir andando. Detenerse es la muerte. No importa si alguien agoniza en la acera, el tiempo apremia. La abyección se va apoderando del espíritu; el pan es primero. Pan, además de comida, en griego tiene la acepción de “Todo”. El pan se convierte en todo.

Los pobres que sirven en hogares clase media y alta son lanzados a la odisea de llegar a sus lugares de trabajo. Allí les espera, en muchas ocasiones, el trato despreciativo de una señorona o un “don”. Son empujados a andar calles hostiles al peatón, sin una calzada digna. Esquivando autos de lujo zigzaguean las mezquinas vías de una urbanización donde los sólo pudientes tienen el exclusivo derecho a existir. Cuando la odisea se hace imposible el tiempo falla. Entonces la señorona espera sólo para regatearles el pago. No es de sorprenderse que los pobres posean un resentimiento letal. Resentimiento que en el fondo no es tan irracional. Se nace en la pobreza y por lo general pobre se muere. Soy en apariencia afortunado, pero no me consuelo, sería un insulto.

Las maravillas de la vida quedan en el mito. Toda idea de redención es inmediatamente rebatida por otra, que a su vez tiene el mismo destino. Capitalismo, Socialismo, Dios, El Matrimonio: todos caen por su propio peso. Sólo queda vivir la vida lo mejor que se pueda. Invoco a Schopenhauer y me brinda este amargo bocado:

“La manifiesta desproporción entre nuestros esfuerzos y los resultados que de ellos obtenemos nos hace ver la voluntad de vivir como una meta que perseguir – objetivamente hablando – o como un delirio – desde el punto de vista subjetivo – que atrapa a todos los seres vivos y que, exigiendo el agotamiento de todas sus fuerzas, los empuja hacia algo que carece por completo de valor” (El mundo como Voluntad y Representación”

Antes de llegar a la guarida hice un alto para abastecerme. En bolsas traje algunos embutidos, frutas y jugos. Sin embargo algo se coló de improvisto. Una botella de cierto vino dulce y terriblemente barato. Apenas abrí la puerta, vertí el bacanal elixir en un gran vaso. Poco a poco la embriaguez fue taponando algunas heridas del día (y otras de la vida). Dejé que estallara algo de música. Los Pixies me llevaron a una edad donde el sufrimiento apenas era una promesa.

Hasta el próximo asalto y preparen sus guantes… la vida no parará hasta vernos muertos.

martes, 5 de mayo de 2009

ungidos por la pérdida

Cansado pero firme. El entorno no pierde su hermosura bajo el plutónico hechizo de la noche. Cierta fortuna, suspiro o tregua de la vida me ha provisto de este lugar donde es posible el descanso. El ocaso devino, fui testigo de una bella caída. Los acordes de una composición índigo ponen el escenario de la despedida. La despedida de un fugaz movimiento de rotación terrestre. En ese breve rotar de la Tierra suceden muchas cosas y la vez nada sucede. Es maravilloso evocar aquel célebre título “La Insoportable Levedad del Ser”, realizado por el prodigioso escritor Kundera. Nos aferramos a este microscópico ápice llamado vida. Este leve resplandor es todo para nosotros; a la vez es la carga más pesada. El día ha sido un desperdicio visto desde la óptica de la trascendencia. No hice mucho por el Universo pero puse mi mediocre grano de arena. Sin embargo un primitivo impulso fue suficiente para encarnar la continuidad, mi hija. Pienso en ella y mis ojos se vuelven manantiales. ¡Que leve origen tiene la trascendencia!.

Probablemente las líneas que escribo sean lo más útil del recién fenecido día. Algo dejo: un testimonio más sobre nihilismo y la ausencia de sentido. A través de la ventana apenas se divisa un poste de luz a quien aparentemente le ha asaltado la melancolía. Parece flanqueado por dos cables que tristemente le dan aspecto de crucificado. Crucificado a los coñazos. Suelto una risa cuando reflexiono sobre las genialidades, el humor inconsciente de quienes instalaron el maltrecho artefacto. Prosigo con mis reflexiones. El día ha sido uno más del montón, a no ser por el episodio del sismo mañanero. Sin embargo vuelve a mi memoria una mujer cuya aparición se envuelve en un halo de misterio. Pensar en ella, olerla a distancia, tocarla en el recuerdo ha provisto de matices a mi unidimensional apatía. Pero ella seguirá su rumbo. Mi propósito es no quedar maltrecho. Me mantengo cauto, enamorarme es un lujo.

La mujer es el ingrediente imprescindible de mi existencia. La tormentosa historia que ellas han escrito a sangre y lágrimas ha transformado mi ideal en una realidad de mujer. La realidad es más sencilla, ella es música, notas que saltan entre un rostro y otro. Sus incontables tonos, timbres, texturas y colores. Es gratificante procurarse un lugar en el espacio público y verlas transitar, unas con desparpajo, otras con timidez, otras con sinuosidad. Pero el simple espectáculo sucede mientras la sombra de la búsqueda me acompaña. Nacimos en la búsqueda. Parece que desde el primer momento, por instinto, nos empujaron al hallazgo. Nacimos y de antemano nos ungió la pérdida. El temporal acoplamiento del hombre y la mujer es una especie de alegoría. Condenados a buscarnos siempre y jamás encontrarnos. Triste de nuevo. Es hora de dormir, de súbito cae como lluvia una canción de Joe Cuba. Surge ella, la abrazo en el deseo, sus labios hermosos irrumpen y susurran…

"to be with you"

lunes, 4 de mayo de 2009

despuès del temblor

Entre las convulsiones de la madre tierra soy sacado de los parajes de Morfeo. Como buen desprevenido, el acontecimiento me toma en total desnudez, tal como vine a este oprobioso mundo. Me incorporo de una manera fantochesca a la realidad, con pronunciada ridiculez me coloco un paño alrededor. Veo el pequeño espejo contiguo a la cama. Cara de idiota infraganti. Enciendo la TV y me encuentro con que los factores de poder no desaprovechan media oportunidad para ganar terreno. Una desgreñada infame declara en el canal del gobierno, dice que el sismo es algo maravilloso y natural “La Tierra tiembla y los hombres tiemblan”. ¿De què manicomio sacan a esta gente?. País de mierda en un mundo de mierda, menuda suerte. No ha habido muertos ni heridos en el sismo. Bueno, llevo herido más de la mitad de mi vida. Casi lamento que el techo no me haya aplastado, de nuevo soy lanzado al coliseo. Vuelvo a preparar un café apestoso y me pregunto cuando coño esta terrible infusión quedará decente. Supongo que he sido tocado por la fortuna en comparación con el casi ochenta por ciento restante del planeta. Me pregunto entonces si esto será el mismo infierno. Llamo a la madre de mi hija (título adquirido después del divorcio) y me cercioro que la niña esté bien. Temo por ella. Ojala no llegue el día cuando me reproche el haberla traído a este planeta de condenados. Bebo de la amarga pócima, fumo un cigarrillo madrugador. El sismo me elevó la adrenalina. De pronto me asalta la última parte de un verso:

“Mantente alejado de dios
permanece angustiado
deslízate”
(Charles Bukowski)

La gente se persigna. No lo hago, pero pienso en aquella chica y me pregunto algunas cosas. La soledad es un látigo para el ego. Me siento solo, mi ego es castigado sin compasión. Siento desconfianza, pero esta no frena mi impulso erótico. Voy directo al abismo. Poco me importa, llevo el arnés y un paracaídas. He cambiado, el amor no me mata. Ha pasado el temblor

domingo, 3 de mayo de 2009

Hostal barato

No obstante mi actitud

elegíaca

y las sombras que se ciernen

sobre mi verbo

y las cenizas que bajo el

crepúsculo dibujan

ilusorios relieves

sobre mi semblante

Podría decir que

hay un lugar para

ciertas esperanzas

Sin embargo, alerto sobre éstas

a los ingenuos

reformadores de almas

No hay en ellas rencores

deseos frenéticos

o algo del odio positivo

que alimenta al optimismo

Tan solo son ángeles

cansados

que buscan sosiego

como viajeras,

como amantes

como exiliadas

Ellas, despechadas

borrachas

encuentran en mi corazón

un hostal barato

donde a veces

se encienden

bombillos rojos

desiderata

Mediodía del domingo. Ha llovido toda la mañana, aún siento el amargo de un café preparado con negligencia. Es tiempo de ensayar un poco, de afilar la pluma contra la vida. Me produce molestia ese permanente deber de celebrar. La desesperación sigue su curso entre las filas de la humanidad. Asalta sus filas de manera inclemente, sin embargo la gente continúa su curso desprevenido sumida en el opio del agradecimiento. Siento un volcán en mi pecho. algo brota y quema mis entrañas. Siento en el diafragma el grito del magma. Llevo años intentando interpretar esa erupción que con  el declive se convierte en vacío. Los primigenios días del odio se convierten en ceniza, poco a poco la tristeza forma un paraje agreste y azulado.  Exploro un poco de poesía, tropiezo con Gustavo Pereira:

La locura de perdernos bajó de los infiernos
se acurrucó en el lecho 
y simplemente nos arrasó

De allí la bella derrota que somos

Tengo dos filos entre mis manos, clavo en el  hígado el que me apunta. Así interpreto la vida, por el lado que hiere. Llegó casi a la letalidad. Siento un dolor leve en el esternón, entonces retiro todo pensamiento abrumado por el miedo. Mientras me afeito hago una pausa.  Una línea es trazada entre esa otredad del espejo y yo. Soy un conjunto cuyos elementos van desvaneciéndose sistemáticamente. No doy con lo extraviado. Soy el crepúsculo tardío y voy cayendo